Si por navidades siempre vuelve fiel a nuestra memoria el
turrón El Almendro (lo de que llegue a
los hogares depende de los gustos y el poder adquisitivo de cada hogar), en verano el que acude siempre fiel es el recibo del IBI y ese por desgracia no
hace distinciones de ningún tipo. Es mas, si me apuran, en algunos casos parece
querer ensañarse con nosotros con la complacencia de nuestros regidores que
siguen mirando hacia otro lado aumentando el importe del recibo. Que no me
vuelvan otra vez a decir que está congelado o que si el coeficiente tal o
pascual y que si la abuela fuma. Que lo que nos importa es lo que pagamos al
final y esa subida sigue siendo de más de dos dígitos un año más, mientras que
los sueldos han bajado y cada vez hay más gente en el paro.
Pero es que la gota que colma el vaso, es el ver como se
hace uso de los recursos municipales.Ya que mientras a nosotros nos toca
apretarnos el cinturón ya no un agujero, sino dos y hasta tres (porque como la
subida siga así yo he calculado que en cinco años me será imposible pagarlo),
seguimos con los cargos de confianza de gente puesta a dedo con dudosa
capacitación y desempeño de funciones o desempeño de las mismas creadas a la
carta.
Pero tal vez el criterio que se sigue es el subir los
impuestos de forma directamente proporcional a la acumulación de basura en el
pueblo, algo que certifican las fotos que a diario se cuelgan en las redes
sociales y que tanta polémica generan. No suelo opinar sobre las mismas por
aquello de que pueden prestarse a ser muy tendenciosas por aquello del momento.
Un mismo lugar puede pasar de ser un estercolero a limpiarse en horas o viceversa. Es por ello que solo juzgo por
lo que veo con mis propios ojos día tras día. Por poner un ejemplo, unos
contenedores en la vía de servicio de la A6, han estado con abundante basura a
su alrededor durante algunos días. Se ve que se procedió a una pequeña barrida
que adecento el lugar, pero aunque ya no hay que pisar la calzada como el
primer día para evitar el pisar los numerosos condones allí tirados, pasada más
de una semana, seguimos teniendo ya no una importante capa de mugre, sino
numerosos desperdicios entre los que siguen destacando varios condones que hay que sortear de forma
cuidadosa cuando vas con chanclas para acceder a la piscina. Qué manera de
follar oiga.
Pero añadamos otro ingrediente más al pastel. La sensación
de inseguridad que viven todos y cada uno de los vecinos de bien de este lugar.
Sé que algunos me van a poner estadísticas diciendo que el número de delitos ha
disminuido y todo lo que se quiera, pero lo cierto es que todos vemos todos los
días como están las calles de nuestro municipio en cuanto al menudeo y la
inseguridad callejera, delitos que no suelen sancionarse o que incluso los
afectados no llegan a denunciar ante la falta de respuesta por parte de las
fuerzas del orden.
Les propongo un
ejercicio. Asómense a su terraza o a la puerta de la calle y díganme si no
identifican al menos a un vecino o negocio que no haya sufrido un robo en los últimos
meses. En el caso de mi calle me he ido a la media docena sin despeinarme. Mal
indicador este por mucho que las estadísticas digan lo contrario. Y si por estadísticas
nos guiamos, hagámoslo de forma total, no solo cogiendo la parte que nos
interesa. Recuerden el triste record que ostentamos en las muertes por violencia de género.
En definitiva, que pagamos impuestos de lujo con arreglo a
la capitalidad serrana y resulta que vivimos al más puro estilo de suburbio,
donde algunos maleantes van de tejado en tejado como si se tratase de vulgares
rateros de una obra de Dickens.
Señor Alcalde, ya que no es capaz de equiparar los servicios
a los impuestos que pagamos, trate de hacer el recorrido a la inversa, por el
bien de todos y si es que desea continuar en la alcaldía.









