Hay infinidad de temas que podría abordar en el blog, pero
permítanme que me pare en uno qué ha surgido a raíz de una conversación que
mantuve con una amiga.
Se trataba de un pequeño debate sobre la comparación entre
las dehesas de Villalba y Las Rozas, y pensé que la mejor manera de poner negro
sobre blanco en tal debate era recurrir a la información que nos pudiese dar
internet. Se trataba de saber cuál era la extensión más grande, si la de
Villalba o la de Las Rozas, ya que a mí me parecían muy similares, aunque por
por vegetación uso y otros factores sean muy distintas.
Saben que siempre me he quejado de que el Ayuntamiento de
Villalba además de hacer poco lo vende muy mal, que falla muchísimo en
comunicación. Y precisamente para dar respuesta a la duda con la iglesia
topamos. Así como nos resultó muy fácil encontrar la extensión que ocupa la dehesa
de Las Rozas, no nos fue tan fácil encontrar la extensión de la nuestra, ya que
nos encontramos con unas cifras muy dispares que iban desde las 130 hectáreas
hasta las 20. Fíjense qué disparate.
Y más cuando curiosamente nos encontramos con una página web oficial o apartado de página web del ayuntamiento muy actual, en la que se nos
vendían una serie de actuaciones sobre la misma. Básicamente la colocación de
carteles informativos sobre la flora y fauna autóctona. ¿Cómo podían afirmar
que el perímetro de la Dehesa Boyal de Collado Villalba es de 3.2km? Llevo más de
20 años dando vueltas y más vueltas a la citada Dehesa acompañado de un reloj
GPS o aplicación para móvil. ¿Quién se equivoca? ¿Sigma?, ¿Polar?, ¿Garmin?, ¿Endomondo?,
¿Wikilock? o ¿nuestro Ayuntamiento?
Evidentemente la tecnología tiene un margen de error, pero
nunca tan elevado. Así que me puse a indagar que parte de la dehesa era la
medida y no tardé en descubrirlo. La medición efectuada por los responsables de
la página web era por el circuito saludable, si bien por la zona más interior y
metiéndose por la valla de piedra a la altura de la zona de los parques.
Llegados hasta tal punto, la extensión era lo de menos. No
me importaba si era más grande la de Villalba o la de Navalcarbón. Si la de Villalba tiene encinas y la de Las
Rozas tiene pinos, eso era lo de menos. En ese momento lo que cobraba
importancia era que el Ayuntamiento se ha gastado un buen dinero público en dar
a conocer nuestra dehesa llenándola de cartelitos informativos de fauna, flora
y otras curiosidades, sobre su uso, Historia y otras curiosidades.
Pero nuevamente nos venden mal el producto. ¿Por qué se
descuenta ese importante espacio de la dehesa? ¿por qué se ignora ese espacio
por el que corre el Arroyo de la Poveda? ¿o el espacio donde están gran parte
de los árboles más majestuosos de nuestro municipio identificados incluso con
una chapita? Para mí esa área de la dehesa es muy importante, casi tanto y más
que el otro que prácticamente se reduce a pasto y poco más. Sí que es cierto
que es donde están las vacas la mayoría del tiempo, pero la dehesa es un
conjunto muy valioso y no entiendo cómo el ayuntamiento gasta un dinero público
en tratar de poner en valor uno de sus principales activos y lo hace tan
rematadamente mal.
Nuevamente fallan en comunicación y como he dicho en más de
una ocasión no se trata de editar muchos folletos o de que el concejal de turno
asista una vez a la semana a soltar su discurso plagado muchas veces de
desconocimiento y sin contenido. Y en este caso había contenido, mucho, muy
rico variado e interesante para una gran cantidad de vecinos. Pero parece ser
que los intereses de nuestros políticos son otros como en tantas y tantas
ocasiones.
Hace algo más de dos años, hice un pequeño repaso a la evolución que había sufrido el comercio en nuestro municipio en los últimos
años. Dicha publicación iba ilustrada con una bolsa de los supermercados Aljoma
que encontré en mi garaje. Tal vez por esa foto (que luego alguien ha tratado
de apropiarse su autoría) un fiel seguidor del blog y villalbino hasta la
médula, me hizo llegar un recorte de prensa con un anuncio con algunas ofertas
de dicho supermercado allá por 1984.
Dicho recorte me ha hecho recordar aquel primitivo periódico
“Sierra” que era la principal cabecera local por aquellos tiempos y del que los
chavales estábamos ávidos por hacernos con un ejemplar con la crónica del
basket. Luego llegaron “El Faro del Guadarrama” y “El Telégrafo”. No descarto
que El Faro fuese anterior, pero si recuerdo que me resultaba más fácil hacerme
con un ejemplar del primero.
Lo que no recuerdo, es si dicho periódico lo conseguíamos en
el famoso puesto de Chani o en otro lugar, pues si recuerdo pillar una
publicación en tamaño a5 en el que se recogían todos los marcadores semanales
de todas las disciplinas con representación en el pueblo por aquellos remotos
años.
Pero volviendo al recorte, y más concretamente a las
ofertas, lo primero que me impacta es leer marcas que eran importantes en su
momento y que hoy ya no existen (La Campana de Elgorriaga), otras rebautizadas
como Molico, hoy bajo el nombre Sveltesse. Productos casi imposibles de
encontrar hoy en los lineales como el Ajax polvo o el aceite Elosua, por no
hablar del aceite de oliva de 0.8º que ha sido eliminado pasando los aceites
refinados a 0,4º y 1º.
El segundo impacto viene de ver los precios en nuestra
añorada peseta. Esa moneda que dejamos hace poco y en la cual hemos seguido
haciendo cálculos durante un largo tiempo. Y claro está, con los tiempos de
inflación desbocada, surge irremediablemente el deseo de comparar precios y ver
cómo ha subido la cesta de la compra.
Pero si hacemos ese ejercicio, lo primero que hay que tener
en cuenta, es que estamos hablando de los tiempos en los que aún no habían
irrumpido las cadenas de supermercados de gran descuento. A groso modo la
competencia de Aljoma podía ser el Compre Bien y no sé si por esas fechas ya
estaría funcionando Gigante. A Pryca aún le quedaban unos cuantos años hasta
llegar al pueblo, concretamente finales del año 93.
Así pues, con estos condicionantes casi ningún artículo es
válido para hacer ese ejercicio de comparación, aunque alguno si se puede.
Pero pongamos el marco en su sitio con unos datos curiosos
El famoso IPC ha subido en este tiempo la friolera de un
274,4% si tomamos el valor del mes de septiembre
El salario mínimo en España rondaba las 37.170 pesetas de la
época, lo que al cambio serían 223,4€ sin contar inflación. Si corregimos con
el IPC se nos quedaría en 81,53€.
Si miramos el salario medio, se situaba en 1.405.100 pesetas
brutas anuales, 8444,82€. Una cifra muy distinta a los 24009,12€ que se estiman
como salario medio para este 2022. Esta diferencia viene a ser de un 284,30%,
casi un 10% más de subida salarial que de inflación, es decir de ganancia de
calidad de vida.
Pero a uno le da la sensación de que algo no cuadra. Me
parece que los repartos de ese nivel de vida no son lineales y que los ricos
son más ricos y no que los pobres sean más pobres, pero sí que la clase media
es cada vez más pequeña. La pobreza es otra cosa distinta al concepto que tan
alegremente usan algunos partidos políticos y medios de comunicación. Y que
este paradigma se ha acusado en el transcurso de las crisis de este nuevo
milenio (y no porque las últimas décadas del anterior siglo no tuviesen las
suyas). Clara muestra de lo que digo es que el sueldo más común se encuentra
entre los 12000 y 21000 euros anuales. Siempre hablando de importes brutos.
Y aquí os dejo un resumen de cómo han evolucionado los
precios de los artículos que he podido chequear. ¿Qué os parecen estos datos?
Hace unas semanas se llevó a cabo un acto para tratar de
poner en valor uno de los pocos lugares con un cierto peso histórico de nuestro
municipio, La Piedra del Concejo. Este evento se puede relacionar con la
edición hace unos meses del libro de Enrique Garcia de Herreros“Historias de
Aquí”, al estilo de los escritos hace años por Luis Antonio Vacas y con la
colocación de una serie de carteles en lo que se ha dado en llamar “Ventanas
del Pasado”, en los que se nos muestra cómo han cambiado ciertos lugares de
nuestra vida cotidiana en las últimas décadas.
Sin embargo, toda esta campaña de promoción de nuestra
historia ha quedado eclipsada por una foto, la foto del morbo. Y es que quien
más y quien menos que haya vivido en este pueblo en los últimos cuarenta años,
se ha quedado de piedra al ver posar a cuatro de los cinco alcaldes de nuestro
periodo democrático, imputado incluido. No sabemos si el quinto prefirió
ahorrarse el bochorno o si decidió pasar página a ese capítulo de su vida. La
razón que se esgrimió para la ausencia de José Luis Peñalvo en este acto fue la
de que actualmente reside en Gandía.
El caso es que el resto de integrantes de la foto, desde el
primero al último, son personajes de nuestra historia con luces y sombras en
mayor o menor medida según el caso. Evidentemente, durante una legislatura da
tiempo a tomar decisiones de todo tipo, erróneas y acertadas, como también es
cierto que la capacidad de decisión sobre la vida del municipio también está
condicionada por la situación económica, las políticas de instituciones de
nivel superior, etc.
El caso es que los cuatro presentes en la foto han dejado
huella en nuestro pueblo e incluso manchas que no se van ni con Brumol.
Pero como a estos los tenemos muy retratados y ya he escrito
sobre ellos largo y tendido a lo largo de estos más de quince años de blog, hoy
me voy a referir a otra persona que también ha sido responsable de la historia
más reciente de Collado Villalba y que posiblemente incluso más de lo que
podamos intuir. Y como él habrá alguno más, pero como es muy posiblemente el
más determinante, mi reconocimiento va hoy para José Ramón López López.
Fotografía Aquí en la Sierra
Para quien no lo sepa, José Ramón fue una pieza clave en la
primera parte del gobierno municipal popular que tuvo que hacer la transición
desde el desgobierno en el que se había convertido nuestro Ayuntamiento a
mediados de la segunda legislatura de José Pablo González. Y es que ser el
responsable de Hacienda de un Ayuntamiento en quiebra y con una reducción de
presupuesto cercana al 30% de lo que manejaron los predecesores, era un acto no
sé si de valentía, temeridad o amor hacia su pueblo. Y es que hace falta poner
énfasis en este último punto, José Ramón es villalbino como lo ha sido su
familia. De otra forma seguramente no sería posible explicar su involucración
en este asunto cuando no se tienen aspiraciones políticas y tenía su buen
trabajo.
Conste que creo que nunca he tratado con él más allá de un
saludo de cortesía si en algún momento he coincidido con él en algún acto
público, pero solamente el ver las formas ya dice mucho en algunos casos. Y es
que solía estar en muchos eventos, pero siempre en un segundo plano, lejos de
los focos y los micrófonos, no como otros concejales de gestión más que
cuestionable que quieren ser la novia en la boda y hasta el muerto en el
entierro.
Por el contrario, si he trabajado con alguien de su familia
y puedo asegurarles que la profesionalidad y la dedicación eran más que
notables. Y ese es otro parámetro que suelo tener en cuenta a la hora de juzgar
a las personas, sus valores familiares.
Y muchos de ustedes seguramente se preguntarán ¿pero que
hizo por Villalba?
Pues conseguir que el Ayuntamiento siguiese funcionando
cuando unos pocos meses antes estuvieron en peligro de no abonarse las nóminas
a sus empleados. Bajar el endeudamiento a pesar de la gran reducción de
ingresos y tener un capítulo de gastos donde era muy difícil meter tijera. Y
lograr parar la subida del IBI, que hasta entonces no había hecho más que subir
de manera descontrolada.
Si, habría sido fantástico el decir que consiguió el dinero
para hacer un teatro, un nuevo pabellón y que todos pagásemos menos impuestos,
pero sin duda, si hoy algunos pueden sacar pecho, ha sido por lo que se hizo
unos años atrás. Lástima que no todos remasen en su mismo barco y acabase
cansado de ser un espíritu libre.
Y vamos a poner el broche final a este 2021 que se despide
dejando de nuevo su impronta con el dichoso virus desbocado después de darnos
unos meses estivales de tregua al amparo de una falsa seguridad aumentada por
las vacunas.
Así fueron desfilando por el blog temas que entran más en lo
que ha sido la línea habitual del blog a lo largo de todos estos años. Arrancando
septiembre con una noticia importante de la cual a fecha de hoy no conocemos
resolución, es decir, se cerró en falso a la espera de que vuelva a sangrar a
la más mínima. Retomaremos el tema en una próxima entrada, pues la crisis de la agrupación local de Protección Civil y lo que de ella se pueda derivar, no es asunto menor y menos en mitad de una pandemia.
Y dejamos a un lado la actualidad para volver a momentos
nostálgicos como los que nos traían los kioskos allá cuando éramos unos niños.
De aquel entonces hasta ahora, han cambiado las calles, la forma de vivir, de
relacionarnos y como no, nosotros mismos.
Y cerramos septiembre con el recordatorio de una promesa incumplida por nuestro equipo de gobierno. Y es que cuando se tienen las arcas
como se tienen, el ir haciendo estos favores a los amigos recuerda a la gestión
de Bartomeu en el Barça. Cambien a los Umtiti y Coutinho por las pasarelas y
voilá.
El mes de octubre comenzó con el resultado de la encuesta
que llevé a cabo para conocer cuál era la rotonda favorita de los Villalbinos,
resultando ganadora la de la mula y el perro. Y se ve que en esta época del año
estuve especialmente sensible al tema artístico y por ello, la siguiente
entrada fue una denuncia hacia el pésimo estado de conservación de algunas
zonas de nuestro pueblo que antaño lucían de forma muy vistosa.
Y complete la trilogía con otra encuesta, pero esta vez para
elegir la obra de arte más incomprendida, por decirlo de una forma más dulce,
de nuestro pueblo. De esta publiqué los resultados en el mes de noviembre. Un
mes de noviembre que se completó con otra entrada entre lo cultural y lo
social, porque si en octubre denunciaba el abandono de las obras realizadas
años atrás, un mes más tardetocaba aplaudir la idea de la recuperación de una buena iniciativa como la de decorar con murales zonas degradadas de nuestro
pueblo y más con un proyecto inclusivo.
Espero que Crónicas Villalbinas haya resultado de interés durante
este 2021 y os espero para el entrante 2022, donde deseo contar más cosas
agradables a pesar de lo difícil que está siendo la salida de este 2021.
Las lluvias y el bajón en el termómetro con el que comenzó
la semana, me hacen darme cuenta de que el verano va tocando a su fin y que un
otoño madrugador llama a la puerta a pesar de que queden los veranillos de San
Miguel y otros llamados de mil formas en función del lugar.
Y así he caído en la cuenta de que este año no he probado
las novedades de las principales marcas de helados industriales. Parece
ridículo que una persona ya de cierta edad se pare a pensar que ha terminado el
año y no ha probado el Maxibon Waffle, los Häagen-Dazs Dúo o el Magnum Double
Gold Caramel Billionaire.
Pero es que los recuerdos tiran mucho y más que el interés
en comer esos helados, está la añoranza de tiempos cada vez más lejanos. Y es que,
seguro que muchos de vosotros también recordareis aquellos años en los que al
abrir los kioskos en verano, los chavales corríamos a ver el gran cartelón que
colgado o en forma de tótem nos ubicaban junto a los mismos. En esos carteles
buscábamos la novedad del año, ese helado que queríamos probar para estar a la
última.
Así, a lo largo de los años fueron asomando los Frigurón,
Calippo, Twister, etc. Que iban tratando de hacerse hueco entre los clásicos Colajet,
Drácula, Frigopie o Milky. Aunque para clásico el “helado de corte” que era con
el que acababa la mayoría de las veces, pues mis padres no eran partidarios de
comprarme “helados de hielo” o “polos”. Hoy evidentemente y por aquello de las “contaminaciones
cruzadas” se hace impensable y casi tercermundista dicha práctica.
Pero además de las marcas de helados y los nombres de los
mismos, han cambiado otras muchas cosas en estos años como ya comenté en sendas
entradas hace un tiempo (1 y 2). ¿Dónde están esos kioskos donde comprábamos
las chucherías o helados? Recuerdo así a groso modo, que existía uno en la Plaza de la Estación, aquella plaza cuadrada con un paseo que la rodeaba y una
gran farola central, infinitamente más acogedora que la actual de la que ni me
molestaré en hablar de sus “personajes habituales”. Aquel kiosko era de Frigo y
no sé si siempre estuvo pintado de verde, pero al menos así lo recuerdo en sus
últimos años. Un poco más arriba y junto a las escaleras de acceso al Paseo del
Rio junto a los soportales, se encontraba otro puesto regentado por una mujer
muy delgaducha de pelo negro salpicado con canas. Ese puesto ha sido el último
en desmantelarse que yo recuerde, pero antes tuvo una segunda vida a golpe de
gofres.
Antes, y en la acera contraria, Los Hernández solían montar
un kiosko en verano, en el que servían los helados “soft”, para que nos
entendamos, los cucuruchos tipo Mc Donald’s. Una variedad que era inaccesible
salvo cuando llegaban las fiestas o si bajabas a Madrid. Ya sabemos que no era
ni es el mejor helado, pero nos encantaba.
Volviendo a la acera principal, pues recordemos que el paso
continuo por la otra acera a lo largo de toda la Calle Real es algo
relativamente reciente, una vez pasado el puente, se encontraba el puesto de
Maximino. Recuerdo verlo trabajar en él hasta bien mayor. Hoy ese puesto sigue
abierto, aunque no con la estructura antigua, sino mucho más grande. Se
trataría del único que se mantiene activo y con las características del negocio
de antaño.
Cruzando la Calle de Alonso Pena, llegaríamos al kiosko de
Chani y más recientemente de Bea. Aún se mantiene en pie, pero sin actividad
pues su última inquilina ya se jubiló. Y un poco más arriba, más o menos a la
altura de Banco Santander, estaba otro puesto regentado por un tal “Perico”, al
que también le recuerdo muy mayor.
Kiosko de Chani o de Beatriz
Esos kioskos eran concesiones a las que solo se podía llegar,
igual que con los estancos, si tenías algún tipo de “minusvalía”, que era como
se decía entonces sin que nadie fusilase a nadie por el uso de la palabra. Pues
al final, el daño no lo hacen las palabras sino el tono, el modo y el uso que
se hace de ellas. Era la forma de ganarse la vida para muchas de estas personas
en un mundo en donde la protección social era un capítulo aún por escribir.
El caso es que, por unas cosas u otras, el paisaje de la
Calle Real ha cambiado mucho. Descenso de natalidad, internet hundiendo la
venta de todo lo que huela a papel, tiendas donde poder comprar helados en
formato familiar de forma mucho más económica, guerra al azúcar… Un cúmulo de
motivos para que solo quede un puesto funcionando junto con los de la ONCE, que
también viven su particular guerra contra las casas de apuestas ya sean presenciales
o virtuales, amén de los múltiples tipos de loterías que surgieron hasta
finales de milenio.
Los Kioskos de la ONCE son "La Resistencia"
La desaparición de estos puestos, no es más que el espejo en
el que se refleja la continua decadencia y evolución de un pueblo joven y
dinámico a una ciudad vetusta y enquistada donde la dejadez y la desidia marcan
el ritmo sin darnos cuenta y donde el tiempo causa estragos.
En fin, que si te quieres comer un helado te tienes que ir a
buscar una tienda regentada por un asiático o lo llevas claro. Y es que de heladerías
artesanas no es que estemos bien surtidos precisamente. Un gran lunar en “La
Capital de la Sierra”. Esa capitalidad que ya hace mucho que nos viene grande y
por la que ya casi ni paseamos para darnos cuenta de como ha cambiado por más
que tratemos de mirar para otro lado.
Como ya he comentado en varias ocasiones, la catalogación de
Collado Villalba como “Capital de la Sierra” es algo cuestionable, aunque está
claro que como slogan publicitario ha funcionado y creo que seguirá
funcionando. Lo que creo que ha sido incuestionable hasta ahora, es que nuestro
pueblo era la “Capital Económica de la Sierra”. El gozar de las mejores
comunicaciones y el tener una gran fábrica como MADE fueron determinantes para
ganar ese galardón.
Pero si por algo ha destacado desde hace cuarenta años
nuestro pueblo, ha sido por tener una actividad comercial más desarrollada que
el resto de la comarca. Recordemos que gozamos de una gran cantidad de
retailers de alimentación (prácticamente todos los más destacados están
presentes con algún formato en nuestro municipio) y los que ya contamos con una
cierta edad, hemos visto evolucionar el paisaje desde que arrancaron los
Supermercados Gigante o los Aljoma, hasta la llegada de los BM o Froiz. Pasando
por la construcción de un gran hipermercado o la transformación de otros
comercios (este próximo día 26 está anunciada la transformación del antiguo
Supersol en Carrefour Express).
Y siempre con el acompañamiento del hermano menor
“ninguneado” del mercadillo, que tanto ha vertebrado el comercio y la vida
social de nuestro pueblo.
Pero como no solo de alimentación vive el hombre, también
hemos ido viendo surgir otras cadenas comerciales especialistas como Decathlon,
Media Markt, Aurgi…
Y por ello y tras una conversación con una compañera que
estaba reformando su casa, y que estaba sufriendo retrasos e inconvenientes varios con la misión, se me vino a la mente escribir esta entrada. Resulta
que esta compañera tiene familia o relación familiar con Talavera de la Reina,
ciudad de reconocido renombre tanto por su cerámica como por sus fábricas de
muebles. ¿Quién no recuerda la famosa cuña de “Ven a Muebles de Talavera…
merece la pena?
Y es que en los años 70 y 80’s, si uno quería amueblar su
domicilio, una excursión por el municipio toledano era muy recomendable, pues
podía ver grandes exposiciones o tomar ideas. Los tiempos previos a los Ikea y
Leroy Merlin eran muy distintos a los actuales en estas facetas. Como también
eran muy distintos los típicos muebles castellanos que amueblaban gran parte de
las segundas residencias, de los muebles para montar que te venden los suecos.
Otra opción era el ir a una carpintería y pedirle al
carpintero que te hiciese un mueble a tu gusto y medida, que también había unas
cuantas carpinterías por el centro del pueblo como las de Ayllón o Garrido.
Y es que nuestro municipio ha gozado de una fructífera relación
con el mundo de la madera a lo largo de los años. Recordemos que la Plaza de
los Belgas recibe su nombre por la implantación en esos terrenos de la Sociedad Belga de
los Pinares del Paular que uso sus
talleres y almacenes desde 1916 para facilitar el traslado de la
madera desde Rascafria a Madrid.
Mucho más
reciente y seguro que más fresco aún en la memoria de muchos, estará el
recuerdo de la fábrica de maderas que ocupaba el lugar que hoy ocupa la
Biblioteca Miguel Hernández.
Por no
hablar de Almacenes Herrero o Decor, que originalmente tenía su almacén y
taller de corte en la Calle Pio XII en el "Barrio Vaticano".
Pero
volviendo al origen de la entrada, ¿quién no recuerda las fantásticas tiendas
de muebles con las que ha contado nuestro pueblo a lo largo de los años? Si mis
fuentes no me fallan, la más antigua sería la de Pedro Sáez, justo al lado del
puente del rio en la Calle Real. Otras, por el contrario, no han aguantado el
tirón y han caído como Muebles Isán o Gamella.
Muebles Aragua
Pero aún
nos quedan otro par de buques insignia del negocio del mueble como son Muebles
Aragua o Muebles Cantalejo. Dos tiendas con amplia exposición, la primera
ubicada en los bajos de Albasierra en uno de los lugares más transitados de
Collado Villalba y la segunda en la Calle Asturias, una zona no tan noble y
mucho menos comercial, así que si lleva tantos años en ese lugar y ha visto
caer otras enseñas más poderosas como la sucursal de Merkamueble y aguanta la
presión del estándar de IKEA, eso solo puede ser el resultado del trabajo bien
hecho a lo largo de los años.
Así que
solo queda decir aquello de “más madera…” y larga vida a esas tiendas que aún
nos quedan. Y más viendo el triste final que han tenido algunas de las que no
aguantaron y ahora son unos fantásticos locales comerciales abandonados a su
suerte.
A pesar de los años que llevo escribiendo en el blog y pese
a que alguna vez ha sido protagonista de alguna de mis “Crónicas”, creo que a
día de hoy no le he dado el protagonismo que se merece a uno de los
protagonistas de nuestro pueblo, El Rio Guadarrama.
Como todos sabréis, es un afluente del Tajo y su nombre se
lo debe a los árabes y su significado vendría a ser algo así como rio del arenal.
Su nacimiento se encuentra en torno a los 1900m de altitud
en Siete Picos, dentro del municipio de Cercedilla. Y desemboca tras casi 132km
de recorrido dentro de la provincia de Toledo a una altura de unos 500m. Por el
camino recibe al Aulencia como principal afluente, aunque son muchos los
arroyos que le otorgan caudal a lo largo de su trayecto.
¿Por qué el rio ha sido y sigue siendo muy importante en el
municipio?
Pues muy sencillo. Como es lógico, fue uno de los factores
para que se diese un asentamiento poblacional. Ya el hombre primitivo buscaba
los márgenes de los ríos para poder establecer sus asentamientos, por lo que
resultaría menos probable que nuestros antepasados se hubiesen asentado en este
lugar si el rio no existiese.
Y, por otro lado, el que el rio atraviese el corazón del Barrio
de la Estación ha condicionado todo su desarrollo a lo largo de su historia,
especialmente en los últimos años. La zona que ahora ocupa El Gorronal y buena
parte del P29, es lo que antiguamente se llamaba “La Huerta” y no dejaba de ser
la llanura de inundación del rio.
Es por ello, que desde que el rio entra por el Puente el
Herreño tras bajar desde Guadarrama y tocar tierras San Lorentinas, hasta que
abandona nuestro municipio por el Coto de las Suertes hasta desembocar en el
Embalse de las Nieves, el Rio es protagonista a lo lardo de casi 2km de nuestro
municipio. Unas veces silencioso y otras bravo y esplendoroso.
El Rio antes de franquear el Puente El Herreño
Como he dicho, el rio llega al municipio villalbino tras
abandonar el término municipal de San Lorenzo de El Escorial y atravesar el
Puente El Herreño, zona donde convergen los municipios de Galapagar, San
Lorenzo, Alpedrete y Villalba. A partir de ese punto el rio fluye por nuestro
municipio, primero en estado casi natural atravesando nuestro querido parque de
Romacalderas, hasta que al abandonarlo entra en el casco urbano y poco más
tarde pasa a estar encauzado por la canalización artificial. La canalización
del rio, es sin duda alguna “la gran obra” de Collado Villalba y uno de los
factores que hacen que el pueblo empiece a convertirse en ciudad. Está claro que,
junto con la llegada del agua corriente y la electricidad, supone el salto de
pueblo a ciudad, con permiso de la A6 y la estación de ferrocarril.
Antes de la canalización, el rio corría flanqueado por
verdes extensiones que escondían una buena cantidad de ortigas y otros
obstáculos donde poder caer los chavales que correteábamos por la zona. En el
lugar que hoy ocupa el Parque de las Bombas, era habitual que las mujeres
bajaran al rio a lavar la ropa y la dejasen extendida en el verde para que se
secara. Una escena típica de película de Almodóvar que casi no recuerdo, pero
si recuerdo bien la vegetación y los pasos de piedra en piedra para cruzar el
rio o el Arroyo de la Poveda.
Las Bombas antes de la canalización
La canalización nos quitó todo eso que hoy suena más bonito
de lo que en realidad era. A cambio, eliminó los peligros de desbordamientos e inundaciones,
así como la disminución de plagas, en especial la de las ratas y otras muchas
de insectos, en especial mosquitos . Se ganó mucho en seguridad e higiene, a
pesar del aspecto que muchas veces presenta el rio por la falta de limpieza por
parte de la Confederación Hidrográfica del Tajo y del comportamiento incívico
de algunos que lo convierten en el vertedero del pueblo arrojando colchones,
carros de la compra y cualquier otro mobiliario.
La obra de canalización se llevó a cabo en los primeros años
ochenta bajo el mandato de Carlos Julio López Jiménez en la primera legislatura
democrática y fue una obra costosa, larga y compleja. Fue ejecutada por la
empresa LAING y durante su ejecución se tuvieron que tirar unos cuantos barrenos
en zonas muy cercanas a grandes edificios como en la zona del Parque de Las
Bombas. Recuerdo el sonido de las sirenas de aviso y la posterior detonación.
En una ocasión me pilló en un cuarto piso al ir a buscar a un amigo para jugar
y note perfectamente la oscilación del edificio tras la explosión, una
situación que os aseguro que llegaba a producir algo de miedo incluso para un
niño que no es consciente de la magnitud de los peligros.
Ya camino del Embalse de las Nieves
Así pues, podemos hablar de un rio Guadarrama antes y
después de la canalización. Un rio que ante las grandes lluvias se desbordaba e
inundaba lo que pillaba a su paso, en especial en sus márgenes cercanos a la
zona de La Huerta y el rio tal como lo conocemos ahora, metido entre muros de
hormigón. Esta obra también tiene una importancia capital en la gestión de los
trasvases de agua entre embalses que realiza el Canal de Isabel II y que
gracias a ellos han permitido salvar años de sequias severas sin restricciones
a pesar del incremento poblacional de la Villa y Corte de Madrid. Que allá por
los ochenta, cuando pillabas un verano seco, no era extraño el que llegasen
cortes de agua en algunos momentos del día o la prohibición del llenado de
piscinas o riego de jardines. Uno de los más grandes avances del progreso que
valoramos muy poco, pues la memoria nos traiciona y nos hace creer que el abrir
el grifo y que haya agua ha sido siempre así.
Y es que una de las características de nuestro rio, es que
puede pasar de llevar un gran caudal en las épocas de lluvia, a prácticamente secarse
en el verano dando imágenes de gran contraste.
Pero, así como el rio es parte esencial en el desarrollo del
pueblo, también constituye una barrera física para su crecimiento y había que
buscar alternativas para su paso más allá del paso principal que era el puente
de la Calle Real. Poco a poco se fueron construyendo varios puentes para
facilitar el paso en varios puntos y evitar así el colapso total del centro.
Es difícil hacer un repaso cronológico a la construcción de
los citados puentes, aunque estoy seguro de que Enrique García Herreros o algún
otro historiador de la zona podrá fecharlos con más exactitud.
Pasarela de acceso a la zona del P29
Los más antiguos fueron los que se construyeron casi a ambos
extremos del municipio. Por un lado, el que da acceso al Polígono P29 junto a
la entrada a Romacalderas, así como el que le da salida a la canalización casi
a la altura de Las Suertes. El de la zona de la Hidroeléctrica también debe
datar por esas mismas fechas, las comprendidas entre los años 80-85.
Ampliación puente Calle Real
Por aquellas fechas ya existían a su vez, dos pasarelas
peatonales. La que unía El Gorronal con Parque Sierra y la que unía la
explanada de Los Belgas con los bloques de El Pontón. Esta segunda tiene más
historia, pues años después de la canalización, cuando se acomete otro de los
grandes cambios del municipio como fue el ampliar la calzada de la Calle Real y
sacar un tercer carril, para lo cual fue preciso ensanchar el puente y de esta
forma, la pasarela que iba paralela al mismo, es desplazada rio abajo hasta la
ubicación que hoy le conocemos. Una obra con resultados visuales modestos, pero
compleja, aunque de gran utilidad.
Con la creación de El Parque de las Bombas, se crea una
nueva pasarela peatonal que enlaza los dos márgenes del rio y sus dos zonas
recreativas diferenciadas.
Unos años antes y con la canalización, se llevó a cabo otro
importante puente, el paralelo al de la Calle Real y que casi coincide con la
desembocadura del Arroyo de la Poveda sobre nuestro municipio.
Unos años después se construyó el último puente, el que enlaza
Los Belgas con la zona de la nueva comisaría. Un puente sin excesivo tráfico,
pero que evita la presencia de más coches en otros puntos ya saturados.
Puente de la RENFE (antes y después de la canalización)
Seguramente muchos de vosotros no habréis parado a pensar en
la cantidad de puentes construidos en los últimos 50-60 años, pero está claro
que han cambiado la morfología de nuestro municipio y su día a día. ¿Os habéis
parado a pensar como sería Villalba si no se hubiesen construido y solo
estuviese el vetusto puente de la Calle Real? Y más aún, ¿sois capaces de
imaginar Collado Villalba sin la canalización del rio?
Difícil ejercicio para la imaginación, ¿verdad?
Os dejo un audio de Cadena Ser Sierra en el que se habla un poco de este tema y con un video con unas cuantas imágenes.
P.D. Quiero agradecer el material cedido a Juan Jaramillo, Orgullo Villalbino, Luis de la Calle (Cadena Ser Sierra) y Mónica Alcoba.
Empezamos el mes de julio con una entrada en la que hablaba
de que a pesar de que nos encontrábamos en la parte central del verano, parecía que en Collado Villalba nos hallábamos en pleno invierno. Nada había devuelto
un ápice de ilusión a nuestro municipio, pues el Ayuntamiento no había
promovido nada para dinamizar mínimamente la actividad de nuestro pueblo. Más
bien al contrario, había puesto zancadillas a las pocas iniciativas que se
habían planteado, algo que contrastaba con lo que se veía en los pueblos de
alrededor, donde sus Ayuntamientos trataban de apoyar a sus empresarios en la
desescalada y se iban programando pequeñas actividades bajo importantes
controles de seguridad. Recordemos que a principios de julio la situación de la
pandemia había mejorado de forma notable y nuestro Ayuntamiento no programó
nada hasta casi finales de septiembre teniendo que posponerlo por culpa del mal
tiempo y ya entrando de lleno en la segunda ola de la pandemia.
Y por lo que quiera que fuese, este año he sentido especial
curiosidad por saber que opinaban los villalbinos sobre distintos temas, así
que la siguiente entrada fue el resultado del sondeo en el que intente recabar
los cambios de hábitos que el confinamiento había provocado.
Y la última entrada del mes de julio fue otro sondeo, si ya sé
que he estado muy preguntón este año, pero tenía curiosidad por tratar de
plasmar con datos el resultado de algún que otro hilo que había visto en RRSS.
Este año ha sido tremendamente duro para el sector de la hostelería y me temo
que los próximos no parecen venir con mejores intenciones, al menos en el
corto-medio plazo. Y dentro del sector, en nuestro municipio y dada la
presencia de dos grandes centros comerciales, tienen gran importancia las franquicias y precisamente sobre ellas os pregunté. Sobre cuales eran vuestras
favoritas y cuales os gustaría que se asentaran en Collado Villalba.
Así que de esta forma nos metimos en el mes en el que
Villalba se para, por lo que este año no hemos sido de los más perjudicados en
este sentido debido al Covid, ya que la nueva normalidad se parecía bastante a
la antigua en el mes de agosto. Si me apuran, las ganas de salir a la calle
tras el encierro, hacían que muchos quisiesen salir a disfrutar de la misma
cuando el sol ya dejaba atrás su implacable acecho. Y precisamente, como fruto
de uno de esos paseos nocturnos surgió una entrada en la que reflejé la vida de
Collado Villalba en verano cuando el sol se ocultaba. Carreras de coches,
corrillos sin mascarilla, cachimbas… En definitiva, un interesante descontrol
para estar aún con los rescoldos candentes de la primera ola del covid.
Y tras esto, traté de recuperar un sondeo que ya realicé
hace mucho tiempo y del cual perdí los datos por aquello de los alojamientos de
Internet. Se trataba de conocer la opinión de los Villalbinos a la hora dehacer la compra. Un factor que también ha cambiado muchísimo a raíz del Estado
de Alarma.
Y para finalizar agosto, hice un pequeño repaso a los datos de sanciones que habían publicado algunos ayuntamientos como consecuencia del
no uso de mascarilla, botellones o incumplimientos horarios por parte de la
hostelería. ¿A que no sabéis que municipio volvía a salir retratado para mal?
Continué con otra entrada dedicada a las pasarelas de Collado Villalba. Recordemos que Villalba es un pueblo con muchos problemas de
movilidad como consecuencia de estar cortados por la autopista, las vías del
tren y el rio. Y a ello habría que sumar otras travesías importantes de carreteras
como la de Navacerrada o Alpedrete. Precisamente el cruce de la primera de
ellas es desde un punto de vista de seguridad vial, uno de los puntos negros de
Collado Villalba (desgraciadamente no es el único) y de gran dificultad para
encontrar una solución. Por cierto, y hablando de pasarelas, seguimos esperando
que la concesionaria del hospital pague la de acceso que tenían que haber
costeado ellos.
Y cerramos el trimestre con la llegada de la segunda ola de contagios de coronavirus y las consiguientes restricciones de movilidad y
asociación que todos ya sabemos. En aquel momento la confusión era total y nos
debatíamos entre si lo mejor era el cierre perimetral de todo el municipio, de
las zonas básicas de salud y alguna que otra opción más. Y como no, yo en mi
línea preguntona, volví a lanzar la pregunta a mis queridos vecinos.
No era esta la entrada que estaba escribiendo, pero es que
la muerte de D10S está tan presente en todos los medios que hasta me hace
relacionar al “pelusa” con Villalba.
Pongámonos en situación, son los primeros ochenta y los
chavales hacíamos colecciones de cromos que comprábamos donde Chani o en el
resto de quioscos y estancos de la localidad a la salida de misa y que intercambiábamos.
No eran cromos adhesivos aún, porque Mr. Panini todavía no arrasaba en el
sector. Santillana, Juanito, Stielike o
el exótico por aquel entonces Cunningham, eran las estrellas del Real Madrid,
mientras que en el Barça lo eran Simonsen, Carrasco, Schuster o Quini. Pero no
olvidemos que en aquellos tiempos donde solo jugaban dos jugadores extranjeros
la igualdad era mayor y así, los equipos vascos ganaron cuatro ligas de forma
consecutiva. López Ufarte, Arconada, Satrustegui, Zamora, Dani, Rojo, Sarabia,
Goikoetxea eran referentes en sus equipos y en la lista de la selección de
Santamaria que disputaría el mundial 82.
Valencia, Zaragoza y por supuesto Atlético de Madrid entre
otros, también tenían grandes equipos para brillar a gran altura.
Eran los tiempos en los que los chavales a lo más que
podíamos aspirar era a que nos comprasen una camiseta de algodón de nuestro
equipo en Pilmod (ubicado en Honorio Lozano al lado de la peluquería de Los
Montero) o Géminis (con tienda en el Gorronal cerca de la Selecta y en la Plaza
de España junto a La Gaditana). De aquellas tiendas de deportes solo queda Vidal Espinosa (y sus permanentes liquidaciones por cese de negocio) y Deportes Daniel’s, que por aquel entonces volcaba sus esfuerzos en el Club de
Atletismo y que llevaba aJosefa Cruz por todas las carreras de la comarca.
A aquellas camisetas luego nuestras madres les cosían los
escudos bordados que te los vendían por separado y el número de tu jugador
preferido que lo pegaban a golpe de plancha.
Eran los tiempos del “balón de reglamento” Tango Adidas y
otros similares, cuyos balonazos picaban como demonios y que con el agua
pesaban horrores hasta el punto de casi perder el bote. Pero en las calles
todos queríamos cabecear como Santillana, tener el olfato de gol de Quini o
regatear como Maradona. Y a la que nos juntásemos unos cuantos, el derbi entre
barrios ya estaba servido en el Campo de la Iglesia, el Campo de la Vía, El Beauty,
Los Rollos o incluso en Los Belgas si el ganado no lo impedía.
El tener un amigo con un balón de reglamento era equivalente
a tener un tesoro, ya que la mayoría de las veces se jugaba con balones de goma
que no pesaban casi nada y cuyo impacto era menos doloroso y causaba menos
daños materiales, pues no siempre se jugaba en el campo y eran más las veces
que las porterías venían marcadas por las ruedas de los coches y los bordillos
o por las puertas de las casas bajas. Eso sí, la escandalera siempre estaba
garantizada.
Ese paisaje cambió drásticamente en 1985 coincidiendo con la
plata olímpica de Los Ángeles 84 y el desembarco del proyecto que dio lugar al Club Baloncesto Collado Villalba. A partir de entonces los balones pasaron a ser
Molten o Mikasa y cualquier objeto con forma circular que se pudiese colgar en
una pared valía como canasta. Pero eso ya es otra historia.
A finales de la semana pasada, el amigo Jaime Fresno, el cronista
de la vida de nuestro municipio y el que está llamado a dejar el testimonio
escrito para las futuras generaciones, de lo que ha sido y es Collado Villalba
como en otros tiempos hicieron Luis Antonio Vacas o Julián Redondo con sus
plumillas, publicaba un sentido homenaje a Domingo, el mesonero que echó raíces
con su local al pie de la Plaza de la Estación, en otro tiempo foco de la vida
de Villalba por su proximidad a la Estación y la Parroquia de la Santísima
Trinidad.
Era el adiós a Domingo, a una persona a la que le guardaba
un afecto especial, pero también a un oficio de otro tiempo, al del mesonero
que igual te servía una cerveza, que un chato de vino, que el plato del día.
Pero no solo eso, era el que sabía todo lo que se cocía en el pueblo, el que
escuchaba al otro lado de la barra, el que mantenía la conversación con el
taurino y con el futbolero, que sabía de cocina y muchas cosas más. Ojo que una
cosa es abrir la boca y largar mucho y otra bien distinta saber escuchar y
conversar.
En estos días en los que tenemos en las noticias brazos
robóticos para servir cervezas y la deshumanización de un oficio que no se
concibe sin su vertiente más social, el artículo de Jaime era casi un réquiem por
un oficio extinguido, porque por precio o por carta podemos ir a las cadenas de
restauración rápida, pero no le preguntes al camarero el resultado del fútbol,
que bastante tiene con servir 10 mesas a la vez.
Algo así como lo que ya pasó con las tiendas de barrio que
tanto hemos echado en falta en los primeros compases de la pandemia. Esas
tiendas en las que coincidían las vecinas para ir a comprar el pan y algún olvido
que otro, aunque las compras fuertes las hiciesen en los supermercados más
grandes que empezaron a asomar allá por los 80’s o en el economato de MADE.
Eran cinco o diez minutos de impás en la vida de las trabajadoras amas de casa
de aquellos años, las que tenían que cuidar a dos o tres hijos, llevarlos y
traerlos al cole sin coche, cuidar de sus mayores, tener el plato de comida
listo para cuando llegasen las otras unidades familiares (esposo que algunas
veces comía y salía disparado a trabajar, el hijo mayor del instituto…)
En un mundo en el que no había televisión por la mañana y el
ritmo lo marcaban Luis del Olmo e Iñaki Gabilondo, ir a comprar el pan suponía un
pequeño relax, corto eso sí, que se había dejado el fuego puesto y a la mas mínima
te quedabas sin comida o estabas a medio limpiar la casa y había que cerrar
frentes antes de que llegasen los hambrientos churumbeles.
“Hay que ver que caro se está poniendo todo…” “si es que a mí
me lo dejan carísimo, a ver si empiezan a venir los melones ya más baratitos,
que las cerezas ya no están en temporada”, lamentos y quejas de las “economistas
madres” que hacían filigranas para llegar a fin de mes en los años de la
reconversión industrial, en los años en los que el esfuerzo se premiaba y donde
los caprichos y lujos estaban al alcance de unos pocos elegidos. Eran frases
muy comunes que podías escuchar día tras día mientras comprabas algo de fruta
porque esa semana había llovido y no habías podido ir al mercadillo o comprabas
el cuarto y mitad de chóped para los bocadillos hasta que fueses a "Las Cigüeñas o el Mercado Municipal” cuando ya aprovechabas a comprar la carne y el pescado.
Y mientras se hacía el repaso general al barrio, “¿sabes algo de La Petra?”. “Se ha ido al pueblo esta semana”. “Ya pronto vuelven los veraneantes” …
Mucha vida en torno al pan de cada día
Cada tendero o tendera de barrio de este pueblo, no solo eran unos profesionales de su oficio, eran también referentes de los barrios de este pueblo. Sabían mucho de cada uno de nosotros, tal vez hasta demasiado. Tenían listas abiertas a medio barrio para "financiar" esas pequeñas compras que algunos demoraban en pagar y que buenos dolores de cabeza les provocaban o para enviar a los niños a por la compra con un trozo de papel, pero sin la responsabilidad del dinero. Daba igual como se llamase la tienda, era ir "Donde la Rosi" o "Donde la Herminia"
Y uno recuerda también al lechero chismoso que te traía más
noticias que el Hola y te llenaba el cazo que luego tenías que hervir. O el
panadero de Casa Serafín que hacía sonar el claxon de la furgoneta y había que
soltar lo que hicieses para ir a por el pan porque de lo contrario se escapaba.
Los corrillos en torno a esa furgoneta y el pase de revista para ver si faltaba
alguien… Y rápidamente cada uno a su tarea, que el tiempo es oro.
Otros trabajos y otros tiempos que la
pandemia nos ha hecho
valorar un poco más. ¿Mejores? Como siempre según con quien te haya tocado ir
al baile.
Aunque aún estén pendientes de paso los famosos veranillos
de San Miguel y del membrillo, lo cierto es que ya podemos ir poniendo el
cierre al verano de este año, pues los días otoñales han decidido pasar a
visitarnos antes de lo que lo venían haciendo últimamente.
Y todo bajo los coletazos aislados de los restos de la
famosa Dana que tantos estragos ha generado por buena parte de la costa mediterránea.
Afortunadamente, en el caso de la Sierra del Guadarrama todo ha quedado
reducido a alguna lluvia intensa, pero sin ni tan siquiera llegar a tormenta.
Así el pasado domingo la lluvia puso ese color gris que a
algunos les causa más depresión que escuchar los grandes éxitos de Los
Secretos, pero en mi caso eso no fue lo más triste de estos días, pues he
podido ver algo que ha revuelto mis recuerdos de infancia y amenaza con
enterrarlos.
Estos días, en la urbanización Peñanevada I, han empezado
unas obras que de momento han arrasado con la pista deportiva de la que gozaba
dicha urbanización a la que tengo asociados tantos recuerdos.
Para poner en antecedentes, esta urbanización era la típica de
segunda residencia de muchos madrileños que venían en invierno y los menos
todos los fines de semana desde su construcción a principios de los años 70 y
hasta entrados los primeros noventa. Una urbanización cuyos pisos no eran gran
cosa, pero con buenos parques y jardines, así como piscina y la citada pista
deportiva.
Esa pista era objeto de deseo por parte de la chavalería que
vivía alrededor de la urbanización, pues estaba libre durante todo el tiempo
salvo fines de semana y verano. ¿Como no acercarnos a tirar unas canastas en
pleno boom del baloncesto en Villalba y evitar así arraigo de las telarañas? Si
es que ni aun juntándose todos los críos de la urba conseguían formar equipo
para jugar una buena pachanga. Además, los que vivían todo el año en la
urbanización no solían poner pegas, pues eran nuestros amigos, aunque los fines
de semana y en verano, alguno se cambiase de chaqueta y nos mirase por encima
del hombro y argumentasen el famoso “bajamos al pueblo” en cuanto salían de la
puerta de la urbanización, expresión que a los indígenas villalbinos nos
repateaba.
Así pues, solo teníamos un obstáculo para poder usar esas
pistas, Andrés el conserje. Un hombre mayor y de corpulencia intimidatoria para
los chavales y con el que había que estar atento si no querías llevarte alguna
colleja, pues algún tirón de oreja propició el señor Andrés. Entre semana
levantaba un poco la mano, pero había que estar ojo avizor, pues tenía un
cierto carácter bipolar y tras unos cuantos paseíllos sin decirnos nada, podía
aparecer de la nada e ir a por nosotros propiciándonos un buen susto y la
correspondiente carrera asociada.
Así que entenderán que para mí se trata de algo más que una
simple obra, pues en cierto modo, en los escombros de esa obra se está enterrando
mi poco espíritu de James Dean. Ojalá se trate de una pequeña obra de
impermeabilización de los garajes que están bajo la pista, que bien pudiera ser
dado la antigüedad de la obra y puesto que está asentada sobre unos aún más
antiguos depósitos de agua, pero el ver que han quitado hasta el perímetro de
piedra me hace albergar mis dudas. Ya hace un tiempo cortaron las canastas de
baloncesto, algo que me imagino que vendría dado o bien por no estar
homologadas por temas de seguridad o bien por las molestias del ruido que
provocaban por ser su tablero una chapa metálica.
Si se confirmase la perdida de las pistas en la urbanización
además de la perdida de una parte de la memoria de este barrio, se produciría
algo aún peor, la confirmación de su envejecimiento, algo paralelo a la lenta e
inexorable muerte que está sufriendo nuestro pueblo sin que le demos ni tan
siquiera una aspirina que calme sus males.
Seguro que alguno de los que ha llegado con su lectura hasta
aquí, recuerda esas pachangas o los grandes partidos de fútbol sala de los
mayores de la urbanización. ¿Os acordáis de “Pelé” y su camiseta de la canarinha?
Cuando cada semana uno observa los éxitos logrados por los
distintos deportistas y equipos de la Sierra, uno se pregunta qué ha pasado con
el deporte en nuestro pueblo. Sin duda alguna, es un reflejo más de la
decadencia a la que está sometida nuestra villa y causas hay muchas y culpables
también.
Corría el ecuador de la década de los ochenta cuando Collado
Villalba llegó a tener, si mal no recuerdo, un equipo en Primera División B de
baloncesto (la segunda máxima categoría), otro en división de honor de futbol
sala y aquí me asalta la duda ¿uno de voleibol y otro de baloncesto femenino
también en la máxima o segunda categoría nacional? Datos pasmosos para un
pueblo que aún no contaba ni con 30000 habitantes y que no gozaba de soporte
económico para mantener esa estructura deportiva.
Evidentemente, todo aquello se logró a base de talonario y
contactos, el porcentaje vaya usted a saber, pero evidentemente hubo una
conjunción de ambos factores para que ese deporte de primer nivel se asentase
en la que en aquellos tiempos era la Capital Económica de la Sierra, pero que
no dejaba de ser un pueblo durante 10 meses al año.
El deporte español comienza por aquel entonces, su despertar
hacia el profesionalismo y es una auténtica utopía inviable el poder mantener
tal nivel en nuestro pueblo ni en ninguna capital destacada que no tenga un
nivel de población más elevado o grandes empresas afincadas en su área de
influencia. Como es lógico, ese espejismo dura solo un año, salvo el caso del
equipo masculino de baloncesto que dos años más tarde y con el patrocinio del
Banco de Bilbao retorna a la máxima categoría, la ACB, donde militaría unas
temporadas más, sorteando las dificultades económicas que se llevaron por
delante a equipos míticos como el Cotonificio, Canoe, Granollers y a buena
parte de los equipos de provincias como el Granada, León, Guadalajara, etc.
Alejandro Gonzalez (5º Campeonato de España M. Maratón)
Pero dejemos a un lado el sueño utópico del deporte
profesional y de la más alta élite para pasar a un peldaño inferior. De igual
modo que veo casi un imposible el tener el nivel de equipos y deportistas de
aquellos años, me resulta frustrante el que en los últimos 20 años, los deportistas de nivel que han salido desde
las distintas escuelas y equipos villalbinos se cuenten con los dedos de una mano.
¿Es lógico que en futbol no tengamos un equipo asentado ni
en la Preferente Madrileña? ¿Qué existan tres equipos y que salvo un par de
jugadores (Reguilon aparte) no hayan salido ni media docena con opciones para jugar en segunda o segunda B? ¿Que en
baloncesto, deporte histórico de Villalba desde que jugaban los Carvajal,
Roberto y los hermanos Villarejo antes de la ACB los equipos muten bajo
distintas siglas y cambiando de cabezas directoras, pero siempre este la
sensación de que nada es estable y que no salgan jugadores? ¿Que desapareciese
el equipo de balonmano o la escuela de ciclismo? ¿Que la de atletismo esté en
la UVI desde hace más de una década pese a tener unas muy buenas instalaciones?
En algunos casos puede existir una falta de
infraestructuras, pero me temo que ese no es el factor más influyente, pues
buena parte de los clubes que más claman por ese déficit, son los que tienen
más fichas federadas y no logran que sus chavales den el gran salto. Que no me
refiero a tener un equipo de futbol en Segunda B o uno de baloncesto en
categoría nacional. Simplemente que de vez en cuando, aunque solo fuese por el
volumen de chavales que manejan, alguno debería asomar la cabecita, aunque nada
más fuese por los filiales de los grandes equipos.
Que Moralzarzal y San Lorenzo forman equipos para ir a los
campeonatos de España de atletismo de categorías inferiores y el equipo
villalbino ya no recordamos desde cuando no forma uno y lo que es más, solo
cuela un par de chavales en las listas del equipo con el que colabora (Lince
Parla).
Está claro pues, que ni el dinero ni las infraestructuras
aseguran el éxito y que cuando hablamos de lo segundo, la mala gestión del
mismo y las luchas internas por el poder dentro de los clubes, se convierte en
un gran problema de difícil solución. Atrás quedaron los días de vino y rosas donde
el dinero llegaba sin problemas hicieses lo que hicieses, justificases lo que
justificases. El entorno ha cambiado y la competitividad de los rivales es
mayor, mientras aquí muchos se han dedicado a mirar a la Plaza de la
Constitución buscando soluciones a sus problemas.
Así que mientras esperamos la reacción por parte de todos
los intervinientes en el futuro del deporte local, no queda otra que disfrutar
de los éxitos de los vecinos de otros pueblos como los San Lorentinos y
Cebolleros en atletismo (Lucia Rodríguez, Alex González, Hicham Serroukh, María
González…y lo que viene empujando
fuerte desde más abajo), Los ciclistas de Galapagar sumándose a la realidad del
gurriato Carlos Verona, la promesa olímpica de la Guadarrameña Victoria
Cuadrillero en la gimnasia rítmica… y así una lista por la que deberían asomar
más nombres de vecinos villalbinos o deportistas formados en las bases de
clubes villalbinos.
Victoria Cuadrillero (componente equipo nacional senior de gimnasia rítmica)
Ojala el tiempo cambie esta tendencia, pero ni el viento de
cara ni los vicios adquiridos parecen invitar al optimismo.