martes, 4 de febrero de 2014

Las vidas y los rios.

Diversos sucesos han acaecido en nuestro municipio la pasada semana y tristes los dos principales a los que me voy a referir, aunque con distinta naturaleza.

Ya acertaba Jorge Manrique al comparar nuestras vidas a los ríos que van a la mar que es el morir. Pero los hay que llegan tranquilos y caudalosos y otros que lo hacen después de ir serpenteando por su recorrido entre abruptos terrenos. Los hay que han visto como el hombre los ha canalizado e incluso los que han visto como la mano humana les dejaba sin caudal, sin poder llegar a ese “mar de calma”.

Como seguramente sabréis, dos personas nos han dejado en este pueblo en los últimos días. Por un lado Luis Antonio Vacas, al que debemos buena parte de la historia de este pueblo, no solo como alcalde que fue, sino como persona que tuvo entre sus intereses el tratar de recopilar y dar a conocer la historia de este pueblo. Su legado junto con los grabados de Redondo, son la mejor manera de acercarse a la historia de este nuestro pueblo.

Luis Antonio nos dejó el pasado día 24 de enero a los 90 años de forma silenciosa y discreta. Me sorprendió que las redes sociales no se hicieran eco del suceso de la muerte de una persona tan notable no solo por él, sino por su familia. Una familia numerosa y que también forma parte muy activa de la vida social del municipio. Uno de sus hijos ha sido concejal del PP en al menos las dos últimas legislaturas que yo recuerde, otros regentan un conocido restaurante del casco antiguo y todo ello sin olvidar que Luis Antonio además de ser alcalde, también paso por la añorada MADE, donde fue el jefe del laboratorio.

Recuerdo que mi padre siempre que le mencionaba hacía mención a que era una persona muy educada y muy culta. Para todos los que se quieran acercar a la figura de este ilustre vecino, siempre tendrán a su disposición los libros que él publicó sobre la historia y las historias de Collado Villalba, que se pueden comprar en algunas dependencias municipales y en las librerías de toda la vida como Ariño.

Se ha ido de puntillas, sin hacer ruido y de forma modesta, pero deja un legado histórico del cual os dejo un enlace que ya publiqué en sumomento.

Desgraciadamente el caso del otro suceso es bien distinto. Si Luis Antonio Vacas se fue con lo que podríamos considerar una vida cumplida, José Merino fue una vida truncada, un hueco irremplazable en la vida de muchos seres queridos a juzgar por lo visto en las redes sociales.

Vaya por delante que no conocía a esta persona, por lo que no puedo decir que era un extraordinario ser humano ni nada por el estilo sin caer en la demagogia. Solamente puedo hablar desde la distancia y ver que él fue una de esas víctimas de la crisis que nos llegan a diario por las noticias y a las que no prestamos atención hasta que le ponemos cara o apellidos.

Él como tantos otros, estaba sufriendo la crisis de la precariedad laboral, de las hipotecas que te asfixian y los problemas personales que cada uno mejor o peor llevamos a cuestas. Un altísimo porcentaje de la población española está viviendo con el filo de la guadaña sobre su cuello esperando que un ligero movimiento nos pueda dar el dramático final. ¿Fue la carta de despido que recibió unos días antes la culpable? ¿Son responsables los empresarios españoles que están despidiendo a sus empleados los responsables de los suicidios?

Es difícil de determinar la responsabilidad de un suceso como ese. No sabemos qué es lo que pasa por la cabeza de una persona para llegar a tomar una decisión sin vuelta atrás como esa. Evidentemente, en el caso que nos ocupa, el crédito de los afectados esta tan agotado como seguramente estaban las cuentas de José con las que tenía que hacer frente a esos gastos que le agobiaron hasta el punto de quitarse la vida.

Estoy seguro de que muchos empresarios se habrán visto obligados a tomar esa decisión en contra de sus principios, pero en el caso que nos ocupa, todos sabemos que sus principios siempre  han sido los mismos. Aún así, no quisiera estar en su pellejo siendo señalado como el responsable de la perdida de una vida, algo que mi conciencia nunca me perdonaría.

Sea como sea, la vida nos ha enseñado que todos iremos a la mar, pero que hemos de intentar que esa llegada no sea en medio de una tempestad, sino que sea como final a un largo y apacible transito por este mundo.


Descansen en paz los dos.

3 comentarios:

Samuel Gómez dijo...

Seguro que estas fotos, hubieran interesado a Luis:

https://www.facebook.com/pages/Amigos-de-la-estaci%C3%B3n-de-Villalba-de-Guadarrama/636715439687851?ref=hl

Saludos.

llama_82 dijo...

Casi con total seguridad.
A todos nos vienen recuerdos al ver esas fotos. Es muy dificil el que a uno no le afloren recuerdos de su infancia vinculados a la estación de tren de su pueblo.
Para mi una delicia ir con mis padres a curiosear el kiosko de prensa para ver las portadas de los comics que salian semanalmente.

Samuel Gómez dijo...

Por cierto un homenaje a Estela y Marín, que llevaron durante años, más de 25 creo recordar, ese kiosko de prensa Luís. Siempre puntualmente lloviese, nevase, etc, lo abrían a las 6h, momento del primer tren hacia Madrid. Saludos.