lunes, 3 de octubre de 2016

La movida IV (That Wonderful Years)

foto extraida del grupo de FB "No eres de Villalba si"
Finiquitado ya el verano, resulta casi inevitable hacer un ejercicio de memoria comparativo entre lo que era Collado Villalba en su época de máximo esplendor y lo que ha quedado de todo aquello. (Puedes ver las entradas I y II relativas al fenómeno de la movida villalbina).

Evidentemente se trata de un ejercicio un tanto tergiversado, pues cada uno vivió los distintos momentos en función de la edad y los gustos propios. Los que son un poquito más mayores dirán que la época gloriosa fue la de El Quinto Infierno, El Bus, etc. La siguiente generación te dirá que fue la de Porche, Testa y todo el eje de la A6, mientras que los que rondan ahora los 30 años, te dirán que fue la época de El Edificio Europa.

Sin embargo, independientemente de gustos, creo que podemos afirmar que la época más importante fue la que abarcó los últimos 80’s y se prolongó hasta más allá de mediados de los 90’s, rozando el cambio de milenio. En este largo plazo de unos quince años, fue cuando más gente venía a Villalba con el reclamo de sus discotecas, gozaron de mayor importancia los locales más grandes y en definitiva, era un auténtico reclamo para el refresco de aquellos que veraneaban por la zona o incluso de los que venían a propósito desde Madrid.

Ya en la anterior entrada comenté lo que supuso el boom de El Edificio Europa, que como expliqué, se insertaba temporalmente en medio de este periodo a analizar en esta entrada. Como expliqué con anterioridad, el boom de Porche supuso que se abriesen otros locales de mayores dimensiones a lo habitual y que al no estar en el centro mismo del pueblo, podían abrir con licencia de discoteca o bar terraza hasta altas horas de la madrugada (en torno a las 4:00 si mal no recuerdo). Así abrieron en un primer momento Sidney y Testa, dos locales básicamente orientados al verano, pues la mayor parte de su espacio era abierto. En estas terrazas la música no era la más discotequera precisamente, sino que era más bien la de los éxitos que hoy etiquetamos como “oldies” (The Cure, Depeche Mode, Rem, U2…) y el volumen no era tan atronador, por lo que era más fácil poder mantener una agradable conversación. Incluso se podía cenar allí mismo, pues si mal no recuerdo, Testa tenía un horno de pizzas y la terraza de Sidney tenía un kiosco donde te comprabas los ingredientes y te podías hacer en la barbacoa desde un bocata a una hamburguesa a tu gusto. ¿Quién no recuerda esos maratones de Depeche Mode en Sidney?




A pesar de las enormes dimensiones de aquellas discotecas o terrazas, llamémoslas como queramos, era muy frecuente el ver enormes colas para poder entrar en ellas. Aunque en aquellos años el acceso al vehículo se hacía a una edad más tardía y eran pocos los privilegiados que lograban tener un coche o que sus padres les dejasen el suyo (no se había extendido aún lo de dos o más coches por familia), los problemas para aparcar eran más que importantes, llegando incluso hasta el Colegio de La Almudena en algunas ocasiones. Aún recuerdo ver pasar un día el camión de la basura por la Calle Piedrahita tronchando espejos por no poder pasar por haber coches aparcados a ambos lados.

Estas dos mega terrazas se merendaron a lo que fue el antiguo Pacha, que siempre funcionó a remolque de los dos grandes buques insignia de la zona bajo distintos nombres como Boss o Broker, pero que pese a todo aguantó el envite, con una clientela de un perfil más bajo y los clientes de última hora, pues cerraban más tarde.

Lo que se ponía de manifiesto era que había negocio para más terrazas y así surgieron otras dos: Momo, que arrancó muy floja y solo tenía gente de rebote por el overbooking de las otras, pero que terminó afianzándose bajo el nombre de El Graduado y otra cuyo nombre no recuerdo que se ubicó al otro lado de la A6 junto a la ITV. Otro de los locales que tuvo su gente, pero que no llegó a poder ser considerado una referencia. Más importante fue sin duda la ampliación de Testa por medio de las terrazas en distinta altura, que permitieron casi triplicar su aforo inicial.

Estos locales eran una máquina de hacer dinero y se llegaban a hacer cajas de varios millones de pesetas en las jornadas más punteras del verano con precios que rondaban las 500pts (3€) para las copas y entre las 300-400pts para el mini de cerveza. Pero la clave era el que estos dos sitios cuidaban mucho el ambiente de sus terrazas para que fuese atrayente y confortable incluso con fiestas originales. Recuerdo una de un circo en Sidney, donde tuvieron con el domador un cachorro de león o tigre, no lo recuerdo. Algo inimaginable hoy en día con el sentimiento animalista de estos tiempos. 

La música solía hacer de primer cortafuego para evitar a los típicos macarrillas y el despliegue de seguridad y control era también más que notable. En el caso de Sidney, el que los dueños fuesen vecinos del local, también llegaba a hacer que se controlasen hasta las emisiones de ruido y no era extraño que los dueños mandasen bajar el volumen al pinchadiscos en mitad de la noche. Así podíamos estar cerca de un millar de personas en cada uno de esos recintos y sin embargo las peleas eran algo excepcional pese a que ya sabemos el resultado de la formula juventud+aglomeraciones+alcohol.

foto extraida del grupo de FB. "No eres de Villalba si..."
Al rebufo de estos lugares y tratando de captar a ese público que alargaba aún más la noche y que gustaba más de la música electrónica, surgieron otro par de intentos destacados Fax (en la inmediaciones del P29 y que contaba hasta con un pequeño coso para soltar vaquillas) y Cherry, la que fue la más lujosa de las discotecas de la Sierra, ubicada ya en el término municipal de Alpedrete en la entrada a Los Berrocales y de la que poco o nada queda ya como comenté en otra ocasión por aquí.


Fueron años de mucha vida para Collado Villalba, de mucho ruido por la música, las peregrinaciones de los grupos de jóvenes desplazándose de “las zonas de calentamiento” a las grandes terrazas, de vespinos y de los orígenes del botellón. Y creo que independientemente de cómo lo haya vivido cada uno y a pesar de que también había sus luces y sus sombras en forma de molestias, todos lo miramos con nostalgia más allá del síndrome de Peter Pan. Lo miramos con nostalgia porque era una vida y una vitalidad que hoy en día ya no se ve en un entorno donde la decadencia se ha ido adueñando de todo y que parece no haber tocado fondo aún y de la que solo quedan  ruinas en algunos casos.

4 comentarios:

Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Yoli yolianda dijo...

Como se ha echa de menos aquellos garitos.puff...nostalgia...mucha

cronicas villalbinas dijo...

Pues si. Mucha nostalgia y la sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Anónimo dijo...

Digan lo que digan esos fueron los buenos tiempos de Villalba.. mucha marcha pero movida sana...