martes, 15 de julio de 2014

C.B.C. Villalba. Vuelve la ilusión VIII (La Cima)

La temporada 88-89 fue casi insuperable para un equipo tan limitado en todo menos en ilusión como era el villalbino. Sin embargo, la dirección técnica del club consiguió dar una vuelta de tuerca más y consiguió reforzar el equipo a pesar de que no éramos un equipo poderoso en lo económico.

Y así, se consiguió mantener todo el bloque principal del equipo a excepción de Tod Murphy que salió con destino a la NBA tras la gran temporada que cuajó en Villalba. Pero se consiguió amarrar la continuidad del otro americano, Lance Berwald,  que ese año formó pareja con Mike Schlegel  delcual ya hice una referencia en el blog con motivo de su triste muerte y por otro lado hubo un par de incorporaciones que añadieron más competitividad en la plantilla y ampliaron la profundidad del banquillo.

Así llegaron Remetería y Antón Soler, dos hombres altos que iban a añadir centímetros y en el caso del segundo un autentico fajador debajo de los aros que ya venía de hacer muy buenas campañas en el Magia de Huesca. Si a estos refuerzos le añadíamos la llegada al equipo junior de un David Brabender que ya iba estando para jugar algunos minutillos con el primer equipo obtenemos un equipo tremendamente competitivo para estar en mitad de la tabla sin apuros e incluso luchar por esa última posición que diese acceso a los play off por el título, aunque eso ya era harina de otro costal.

Tácticamente había un cambio destacado y es que Mike jugaría principalmente de alero alto aprovechando su buen tiro exterior y Antón Soler jugaría dentro de la pintura con Lance, si bien Mike podía aprovechar su altura cuando fuese defendido por un hombre más bajo que él. Del mismo modo, podía darse la circunstancia de que Mike pudiese jugar de cuatro y jugar con tres bajitos si se metía un base acompañado de Marrero y Gorroño. La polivalencia de varios hombres como Mike, Gorroño o Barros, permitía dibujar varios equipos distintos sin que el nivel de rendimiento se viese mermado por entrar hombres de banquillo o poner a alguno del quinteto inicial fuera de su posición optima.

Y así se desarrollo la temporada sin los sufrimientos típicos de un equipo siempre con la espada de Damocles del descenso sobre su cabeza. Y es que el espíritu de equipo que se sembró en la campaña anterior echo raíces a lo largo de esta. Atrás quedaron los tiempos en los que los extranjeros eran conocidos por cerrar las discotecas, bien al contrario eran auténticos profesionales con experiencia en las ligas europeas y que además formaban piña no solo con ellos, sino con los españoles a los que iban aportando sus tablas.


Para que os hagáis una idea de lo correoso de nuestro equipo, el Barcelona solo nos ganó por cuatro puntos en la cancha villalbina, mientras el Joventud de Badalona solo lo hizo por dos, cifra idéntica a la que nos infringió el Madrid en el Palacio de los Deportes tras una prorroga. A cambio, ganamos a un histórico como el CAI Zaragoza en ambas canchas, mientras que con Estudiantes o Taugres nos repartimos los triunfos y derrotas por igual para llegar a una meritoria posición número 11. Un peldaño por encima de lo logrado el año anterior.

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