miércoles, 4 de abril de 2018

La Movida (V) Entre el cielo y el suelo...


La anterior entrada reflejaba el punto álgido de la movida Villalbina y su mejor versión, pero ¿Qué ocurrió después?

La movida siguió aún unos años más de pleno auge en el municipio y de hecho, creció todavía algo por dos vías.

La extensión de las “manchas” de las zonas calientes. Esto es, alrededor del Edificio Europa, por sus calles colindantes salieron otros locales que también daban cabida a otro buen número de clientes cuando en sus horas punta estos locales estaban llenos, incluso rebasando peligrosamente sus aforos. Pensándolo ahora con tiempo, ¿Qué habría pasado si se hubiese dado una situación de emergencia en el Edificio Europa en hora punta? Recordemos que fue concebido como un edificio de oficinas, no como lo que finalmente fue.

En la zona de Pradillo Herrero se abrieron bares en casi todas sus calles, aunque está claro que la palma se la llevaron Las Cubas y Fresh con permiso de El Portón, que curiosamente fue el último en hincar la rodilla por la zona. 



Y una segunda vía  con la apertura de los locales del centro comercial Puerta de Villalba o como lo conocemos comúnmente “El Ecore”, en referencia al comercio que abrió allí y que también supuso un pequeño hito. Evidentemente, nos referimos al Piano Bar y a La Frontera. Curiosamente dos de los pocos reductos que aún quedan de aquellos años en los que decir que eras de Collado Villalba era sinónimo de ser un tío con suerte si eras un adolescente, pues se te presuponía que tenías la diversión asegurada.

Estos dos locales fueron ganando peso conforme fueron cerrando otros locales y ellos aguantaron el tirón. Evidentemente las facilidades de aparcamiento y el cerco que se llevó a cabo a los locales del centro del pueblo tuvo una importancia capital para que estos locales de tamaño mediano lograran consolidarse. Alejados del centro, pero sin tener que meterse en carreteras.

No éramos conscientes en aquellos tiempos, pero poco a poco el sueño se desvanecía y Collado Villalba iba perdiendo su glamour y su tirón. Los factores eran variados y habrá que desgranarlos en varias entradas, pues de igual forma que el fenómeno creció poco a poco, el declive también se llevó a cabo de una forma paulatina.
¿Qué hizo que no quede prácticamente nada de lo que fue la vida nocturna de Collado Villalba?
La movida estalla siendo Collado Villalba aún un pueblo donde la segunda residencia tenía aún muchísimo peso. Gustase o no, Villalba era un pueblo en el que el fenómeno del veraneante era muy importante, pero a su favor jugaban varios factores que otros de la zona no tenían, sus comunicaciones.

En los años 80, la frecuencia de autobuses era muy inferior a la de ahora y en el caso de los trenes, era de menos de la mitad con respecto a nuestros días. Y por supuesto, no existían los búhos.  Pese a ese déficit de infraestructuras con respecto al panorama actual, lo cierto es que Collado Villalba tenía en aquellos días un diferencial enorme con respecto a los pueblos de la zona.

Foto extraida de QuienesQuienenVillalba.es 

Como he comentado unas líneas más arriba, es entre la década de los 80 y la de los 90, cuando Villalba comienza esa mutación que le llevará a pasar de ser un pueblo a una ciudad dormitorio. Los pisos de las urbanizaciones empiezan a pasar a ser primeras residencias y poco a poco se van llenando las dos macro urbanizaciones del pueblo, Las Suertes y El Parque de La Coruña.

Evidentemente, se llenan de población más o menos joven o con familias con más de dos hijos de media, lo que hizo que se disparase la población joven. Recordar que se tuvieron que duplicar el número de colegios en pocos años para dar respuesta a la demanda de escolarización.

Así pues, Collado Villalba se situó en esos años con una gran masa de población joven, es decir, de población que demandaba sus espacios de ocio, lo que unido al fenómeno del veraneo, disparaba aún más esa demanda.

Esa población joven de los años 80 y 90, alcanzaba su independencia “motora” mucho más tarde que en la actualidad. Hay que tener en cuenta que sus padres aún provenían de la cultura del ahorro de los años del franquismo y que muchos de ellos no tenían dinero para pagar el carnet de conducir al chaval. Además, el coche era “familiar” y no me refiero al tamaño, sino que era una inversión de la familia, un coche por familia y punto, y eso donde lo había, que era aún bastante común el ver familias sin coche. Así que el chaval que se olvidase de tener su propio coche hasta tener un trabajo estable.

Y claro está, sin coche y con un transporte como el de aquellos años, no llamaba lo de bajarse a Madrid ni irse a otros pueblos como Majadahonda o Pozuelo, que también tuvieron varias zonas de ocio pujantes en “aquellos maravillosos años”. Así pues, si teníamos un ocio de calidad y estábamos “secuestrados” en nuestro pueblo, que mejor que disfrutarlo.

(Continuará…)

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