martes, 22 de mayo de 2018

La Movida (VII). Llega el Buho


Allá por principios de los 90’s, otro factor va a condicionar los hábitos y costumbres de los ciudadanos de la Sierra del Guadarrama, en especial los de los más jóvenes. Aparecía el famoso “Búho”. El servicio nocturno de autobuses que pasaría a unir los pueblos de la zona noroeste con la capital.

Hasta ese momento, pese a las buenas comunicaciones de nuestro pueblo vía carretera y RENFE, lo cierto es que a partir de las 22:30 más o menos, cada cual tenía que buscarse la vida en lo que al desplazamiento se refería. Si no tenías coche, pasabas a depender de tus padres (si es que lo tenían) o del amigo que había conseguido sacárse el carnet a temprana edad y que sus padres les dejaran el coche, algo bastante difícil en aquellos tiempos.

Ni que decir que la irrupción del Búho supuso toda una revolución en este capítulo, pues posibilitaba que pudieses bajar a Madrid y quedarte hasta altas horas de la noche, evitando las dos opciones que hasta ese momento se tenían (volverse antes de la medianoche o “empalmar”, algo a lo que nuestros padres no estaban tan acostumbrados a autorizar como los padres de las nuevas generaciones).

Así pues, a los jóvenes de la Sierra se les empezó a quedar pequeña Villalba, en especial en el largo invierno y más conforme pasabas a la Universidad y empezabas a formar nuevos círculos de amistad en ella. Se veían atraídos por las luces de neón y las discotecas de varias plantas, la sensación de hacerse más adulto y la falta de control parental auspiciada por el anonimato de la gran ciudad. 

Demasiados alicientes como para que muchos no comenzaran a alterar sus prioridades a la hora de salir y más con las facilidades que ahora se daban gracias al Búho.

El Reciclaje y sus directos fueron un clásico 
Y si la gran capital restaba gran parte del público de los locales villalbinos durante el invierno, durante el verano el enemigo estaba más cerca. Peor comunicado, pero con un alcance más directo sobre la línea de flotación. Y es que evidentemente empezaron a salir emprendedores por muchos pueblos vecinos que propiciaron que casi todos los pueblos de alrededor tuviesen un área de ocio juvenil con locales que atraían a su público autóctono e incluso al villalbino que también buscaba de vez en cuando cambiar de aires.

Así, a los clásicos de Alpedrete como La Cantera, se fueron sumando La Tortuga y La Sal, también en el mismo pueblo, Refugio Cherokee y Texas fueron algunos de los locales que comenzaron a escoltar al mítico Reciclaje en Guadarrama, mientras que en Moralzarzal despuntaban Tarambana y Tragapanes entre otros. Y así en mayor o menor medida, todos los pueblos serranos fueron teniendo sus locales alternativos a la “movida villalbina”, que ya no gozaba del casi monopolio del que había disfrutado hasta ese momento.

Y todo ello por no hablar de la zona más “pija” del oeste de Madrid, Majadahonda con sus locales del CC Equinoccio (Flanagan's, Barba Roja, etc.) y Pozuelo con su Avenida Europa o El Graduado en el Sexta Avenida.



Uno de los últimos locales míticos en caer

Está claro que en la década de los 90’s la cosa cambió radicalmente y nada tenía que ver el paisaje de las zonas de ambiente de principios de década con lo que acabó quedando al final de la misma.

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