La pasada semana durante un desayuno en el trabajo surgió el
inevitable tema de la crisis. Entre los contertulios estaba un chaval bastante más
joven y tan tierno en ciertas cosas de la vida como el pan bimbo sin corteza.
Este compañero forma parte de ese grupo de personas que no había vivido las
crisis de los noventa y mucho menos las anteriores de los ochenta o setenta. Y
es que en España había mucha gente que llamaba crisis a que no le subieran el
sueldo por encima del IPC o que tuviese que comprarse un coche de un modelo
inferior al que deseaba. Tal vez los que
tuvimos dentro de nuestro vocabulario las expresiones “despido” o “regulación de empleo” desde nuestra
niñez hemos sido un poco más cautos a la hora de emplear la palabra maldita.
El caso es que él afirmaba que la crisis no se podía prever,
que nadie sabía que esto iba a pasar.
Por el contrario otra compañera y yo, sosteníamos que la crisis ya se la veía
venir muy de lejos (recordemos que Zapatero la admitió nada más tomar cargo en
su segunda legislatura), por lo que desde hace seis años ya se le iban viendo
las orejas como al lobo de Caperucita.
Lo que nadie alcanzaba a saber era la magnitud de la crisis.
Pero desde luego que muchos ya vimos tiempo atrás que el modelo de economía que
se nos imponía por nuestros regidores no era un modelo sostenible.
Estas son las cosas que tiene el escribir un blog, que tanto
para bien como para mal, las opiniones de uno han quedado ahí como testigo del
paso del tiempo. Recuerdo que mis críticas al por aquel entonces alcalde de
Collado Villalba, me llevo a que me colgaran la etiqueta de militante del
Partido Popular como cosa más suave, mientras que para otros era un pesimista y para otros
muchos mi visión era apocalíptica.
Pero no me hacía falta que viniese un ilustrado ministro de
economía se llamase Solbes o Guindos, para ver que el modelo era insostenible.
En aquellos años, el Ayuntamiento tenía muchos ingresos atípicos por la
enajenación de terrenos y las licencias de obras, algo que estaba claro que mas
tarde o más temprano se ralentizaría de forma importante y más en el caso de
Villalba por la escasez de suelo.
Sin embargo, paralelamente el gasto corriente no paraba de
crecer con una plantilla de empleados municipales mayor, proliferación de
parques y jardines y todo ello para sumar a gastos atípicos como el del Viajazz
y otros.
Veamos un pequeño resumen de la evolución del presupuesto
municipal. La cifra entre paréntesis indica la variación con respecto al año
anterior.
2000 26891300 (56.23)
2005 56145927 (23.93)
2006 72382659 (28.92)
2007 73457326 (1.48)
2008 69384928 (-5.54)
2009 73148520 (5.42)
2010 67768909 (-7.35)
2011 61882669 (-8.69)
2012 49093387 (-20.67)
2013 48166268 (-1.89)
Como pueden observar, el presupuesto ha caído en picado pese
al brutal crecimiento de la presión fiscal a la que nos sometió José Pablo González
en sus últimos años de mandato y a la aún más feroz si cabe de Agustín Juárez.
Como he dicho, muchos me tacharon de apocalíptico, pero la
tozuda realidad me ha dado la razón en este caso y cuando me quejaba por la
situación de nuestros parques, no era que no me gustase que se hicieran, sino
que lo veía un gasto prescindible y que además comprometía la sostenibilidad
del Ayuntamiento.
En fin, espero que la gente haya tomado nota y vaya viendo y
valorando en que se gasta nuestro municipio sus dineros, ya sea a la hora de
las fiestas o a la de enmoquetar rotondas, porque ya no hay ni como regarlas ni
quien lo haga, porque de lo contrario llegará un momento en el que no tendremos
ni donde caernos muertos. Y ojo las tasas por dicho concepto también han crecido a ritmo de vértigo y la
frasecita de marras amenaza con convertirse en una triste y dura realidad.


