Son muchos los temas de actualidad de nuestro municipio.
Compras con claro-oscuros de material higiénico durante la pandemia, obras que
duran más que la del Monasterio de El Escorial, las aguas turbulentas de
Protección Civil, fusión histórica de los clubes de fútbol, las divergencias en alguno de los principales partidos políticos
de la localidad y el posicionamiento evidente de cara a las elecciones del
próximo año…
Pero permítanme que me pare en una de las pequeñas cosas que
han llamado mi atención en los últimos días.
Pues bien, quienes pasen por allí, especialmente andando,
habrán podido comprobar que el forjado del puente ha quedado a la vista en
tramos bastante amplios. No puedo dar una opinión técnica formada, pues carezco
de la formación adecuada al respecto.
Por la altura en la que se encuentran los “desperfectos” no
creo que se trate de un desconchamiento por humedades que era el motivo que
algunos alegaban al deterioro de las pinturas. Además, no recuerdo haber visto
ningún desperfecto anteriormente. Más bien me inclino a pensar que estamos
ante algún tipo de “cala” de la estructura para conocer su estado de
conservación.
De ser así, estaría bien saber si ha sido un tema de
revisión periódica o si es que ha saltado algún tipo de alarma. Y por supuesto,
el resultado de las mismas y asegurarnos que el paso es seguro. Recordemos que estamos ante una infraestructura
capital para el municipio, pues soporta el acceso y salida a la A6 en ambas
direcciones de miles de vehículos a diario además del tráfico interurbano a
nivel inferior que es muy importante, pues estamos hablando del área comercial
más grande de la región y un nudo que une y distribuye buena parte del tráfico
interno de Villalba.
De momento y a la espera de más datos, lo que sí puedo decir
es que no otorga la más mínima confianza en su seguridad el ver este estado de
conservación actual, así que esperemos que pronto se ponga alguien manos a la
obra y que no sea una cosa más en el saco roto. Y no empecemos con balones
fuera de que si la competencia es de Fomento y bla, bla, bla… que para eso son
nuestros representantes y tienen buenos sueldos, para trabajar y agilizar trámites,
aunque no sean competencia directa.
Por cierto, otro día podríamos hablar del puente de Los
Negrales…
Ayer día 20 de abril, dimos un paso adelante en la lucha
contra la pandemia con la despedida casi completa del uso de la mascarilla. ¿Es
este paso el definitivo? Esperemos que sí, pero no cantaremos victoria, pues ya
hemos tenido que volver sobre nuestros pasos en más de una ocasión. ¿Recuerdan
como se puso el año pasado el tema de los contagios en verano? Que a partir
de ahí ya no volvimos a ver cifras por debajo de 200 en la incidencia acumulada
y, por otro lado, estamos viendo en China imágenes que nos llevan a lo vivido
hace dos años.
Pero pese a todo, habrá que mirar al frente, aunque con un
ojo puesto de vez en cuando en los retrovisores para no perder de vista lo
anteriormente citado y lo que hemos dejado atrás después de tanto esfuerzo y a
la espera de ver lo que pueda desencadenarse tras la Semana Santa.
Pero como digo, toca mirar al frente y a los primeros
eventos a celebrarse sin las restricciones que nos han limitado tanto en estos
dos últimos años y con la única protección de nuestra responsabilidad bien
respaldada por el plan de vacunación que hemos seguido mayoritariamente.
Así pues, la próxima semana afrontaremos las Fiestas de San
Jose Obrero dentro de la más absoluta normalidad y con un programa bien
parecido al de las últimas ediciones pre pandémicas.
Y es que empezaremos ya este mismo fin de semana con la
apertura del recinto ferial y un concierto de la Banda de la Escuela Municipal
de Música a la espera de los platos fuertes de la semana que viene.
Lo mollar de los festejos empezará con el típico pregón el
viernes 29 a las 21:00 y orquesta a las 23:00h.
El sábado aperitivo amenizado por Los Dikis y paella para
seguir con otra serie de actividades hasta llegar a uno de los momentos cumbres,
la actuación de Juan Salazar. No me preguntéis el motivo de que solo venga uno
de los integrantes de los míticos Chunguitos, porque no sigo ese mundo mezcla de
faranduleo y sabe dios qué. El caso es que por unas cosas o por otras, aunque
solo sea por ver que soliloquios se monta, seguro que muchos estarán dispuestos
a ver al showman que tantas parodias ha motivado a raíz de su paso por lugares
como Tu Cara me Suena o El Hormiguero. Y no descarto que muchos otros quieran
ver a quien puso banda sonora a una época de su vida.
El domingo es seguramente el día grande, pues volverán a
sucederse un buen número de espectáculos y actividades en la Plaza del 1º de
Mayo como el día anterior hasta que sobre las 23:00h vuelva la orquesta que más
ha pegado en nuestra localidad en los últimos años, La Huella. Y es que si hubo años en
los solicité un respiro para que trajesen a nuevos grupos y bandas, estos tres
años de ausencia, justifican que sean ellos los que nos devuelvan a la “antigua
normalidad”, aunque vengan cargados de caras nuevas y un espectáculo al que
seguro que han dado unas cuantas vueltas de tuerca.
Y el lunes día 2, seguirán otra buena cantidad de
actividades que seguro serán muy bien recibidas por muchos vecinos, en especial
por los más pequeños que no han podido disfrutar de las mismas hasta ahora.
Como veis, se trata de un programa muy amplio y bastante
acorde a lo que siempre han sido las fiestas del popular barrio de El Gorronal. Podeis consultarlo ampliando la imagen del cartel que ilustra esta publicación
Esperemos poder disfrutarlas y que sean el pistoletazo de
salida de una nueva etapa en la vida social y cultural del municipio.
El pasado miércoles me llegó una triste noticia. Una persona
de mi edad había muerto tras una larga enfermedad.
Siempre sobresaltan este tipo de noticias cuando el
protagonista es una persona de tu generación y mucho más cuando has tratado con
ella como así había sido el caso. Y es que mi historia con ella, aunque
efímera, es bastante particular.
Resulta que ella iba al colegio de la Santísima Trinidad,
justo frente al Carlos Ruiz. Iba un curso por debajo de mí, pero para hacer
honor a la verdad, no la tenía datada de aquella fecha. Creo que ya he hecho
mención en alguna ocasión a esa especie de “muro de la vergüenza”, más bien callejón,
que separaba ambos colegios. Y a esa diferencia horaria que hacía que no
coincidiesen nunca las entradas y salidas de ambos colegios, algo que a lo
mejor hoy se justificaría por temas de tráfico, pero que en los años 70-80 no tenía
ningún sentido, pues todos íbamos “en el coche de San Fernando”. Así que era
frecuente el ver a las chicas de “Las Monjas” apoyadas en el muro del Carlos
Ruiz viendo como apurábamos los últimos minutos antes de la llamada a clase.
El caso es que a través de las redes sociales esta persona
comentó en más de una ocasión mis entradas al blog. Unas veces alineada a mi
forma de ver las cosas y otras veces no tanto. Con el estallido del fenómeno de
los grupos de Facebook, esta persona pasa a interactuar más conmigo, hasta el
punto en que un día me pide si la puedo hacer un favor. Un favor que puedo
satisfacer tras una gestión en mi puesto de trabajo y que implica que tengo que
quedar con ella para hacerle una entrega.
La situación fue cuanto menos curiosa, pues yo solo había tratado
mínimamente con ella de forma virtual, ante lo que yo me vi como si fuera a una
especie de cita a ciegas y le tuve que preguntar que como nos íbamos a
reconocer (aunque yo iba a llevar un bulto de importancia) a lo que ella me
dijo que ya me daría cuenta cuando la viese.
Y así fue, pues cuando vi a una chica partiéndose de risa
por la Calle Real mirándome me dije, “esta tiene que ser”. Ese día entablamos
una breve charla y empezamos a hablar de aquellos años. Conocía al detalle a
mis compañeros de colegio, a mis amigos del barrio e incluso a gente que por
aquel entonces yo tenía en el anonimato en las RRSS.
A aquel encuentro le sucedieron un par de quedadas grupales
de Facebook y algún encuentro más e incluso la devolución del favor prestado
con otro par de favores por su parte hacia mí. Que bonitas son las redes cuando
sirven para tender lazos y afianzar la colaboración de la sociedad.
Pero ya sabemos todos como han ido evolucionando la mayoría
de los grupos de Facebook que hay relativos a nuestro pueblo (creo que en menor
o mayor medida el fenómeno es igual en todas partes). Se han terminado
convirtiendo en un “ring político” solo apto para afiliados y gente amargada y
ambiciosa y donde la exposición se ha convertido en algo que puede llegar a ser
incluso peligroso.
Así que la perdida de interés por mi parte en esos grupos,
su cada vez más marcado pensamiento ideológico y los algoritmos que no me
mostraban sus publicaciones, provocaron que poco a poco fuese perdiendo
contacto con ella. Supongo que también la evolución de la enfermedad la hizo
bajar el pistón en cuanto a publicaciones hasta que prácticamente quedo oculta
para mí. Alguna vez pregunté a una amiga común por como estaba, pero poco más
pude saber de ella.
Desgraciadamente, el marco de la última conversación con
ella fue muy condicionado por todo lo expresado anteriormente y por supuesto
por la enfermedad. Pero yo me quiero quedar con la chica que sonreía al llegar hacia
mí por la Calle Real. Esa era la auténtica, lo demás son elementos del decorado
de la vida que muchas veces no hacen justicia a las obras que se representan en
ella.
Fuiste una “amiga”, aunque solo fuese durante ese breve
periodo de tiempo, pues me ayudaste cuando te pedí ayuda igual que yo lo
intenté, aunque tal vez no tanto como debería haberlo hecho. Y me has hecho que
saque una enseñanza de este mundo de las RRSS, que te ponen delante a gente
anónima que merece muy mucho la pena, pero que por desgracia tiene un frágil
equilibrio y es un decorado de cartón piedra donde abundan bastante más las
personas tóxicas y sus efectos son devastadores.
Solo me queda la posibilidad de despedirme de tí con una canción que seguro habrias apreciado como buena melómana que eras.
Si recuerdan, hace unos meses saltó una fuerte polémica relativa al funcionamiento de Protección Civil y su dirección. Ya en aquel
momento se vio que la cosa no iba a acabar bien. Recuerdo que le pregunté a
alguien que sabe bastante más que yo como se mueven estas cosas sobre cuál
sería el devenir del asunto. Él no tenía dudas, se había formado mucho ruido y la
decisión no se podía tomar con ese caldo de cultivo, era un suicidio político.
El caso es que parece que ya se entiende que ha llegado el
tiempo de ofrecer la cabeza del culpable en plan “Juan Bautista”. Y ya teníamos
todos muy claro que en la balanza siempre iba a pesar más el voto de la tránsfuga
que los años de servicio al frente de Protección Civil de José Berrón.
Eso sí, uno se ha marchado con dignidad, reconociendo que no
paso la prueba que debía pasar (curioso que alguien haya podido estar al frente
de una agrupación que da cobertura a casi 70000 habitantes durante décadas y
además ser premiado por su verdugo apenas dos meses antes y no pasar dicha
capacitación), algo me falla. Mientras, la otra parte ha actuado como el
Fantasma de la Opera, moviendo los hilos entre bambalinas, negándose a
responder a la prensa y gastando muy malas formas con una persona que ha tenido
que lidiar con momentos tan difíciles como la pandemia sin apenas recursos.
¿Y a partir de ahora qué? Bueno, pues si dios quiere, pronto
empezaremos a recuperar parte de la “vida cedida” durante la pandemia.
Volveremos a los actos de masas, fiestas y demás eventos en los que será
precisa la presencia de una agrupación fuerte y con un amplio equipo humano.
Que hasta ahora poco más allá de la Cabalgata de Reyes y La Tragamillas (donde
tuvieron refuerzos de otras agrupaciones y sobretodo de voluntarios captados
por la organización de la prueba). Dos eventos de poco más o menos tres horas
separados por casi dos meses. Ahora es cuando empieza el baile y tendremos que
ver si el “paracaidista” ha llegado hasta aquí para “servir” o “servirse”.
Y a la señora Barrantes, la sigo esperando para que me diga
cuantas sanciones se han puesto por no recoger las caquitas de los perros o por
llevarlos sueltos. Tic, tac… Tic Tac… Poco más de un año para las elecciones y
hay que ir buscando sitio en la parrilla de salida.
Hoy nos volvemos a topar con una de esas noticias que te dan
rabia e indignan por la impotencia que sientes ante un sistema tan “garantista”
de las libertades, pero que al final deriva en un rehén de la mismas que premia
malas conductas y no solo que no castiga a delincuentes, sino que en algunos
casos hasta los premia.
La noticia en cuestión es el atropello de un Guardia Civilen el ejercicio de su trabajo al dar el alto a una persona que iba conduciendo
de forma temeraria. Este sujeto se dio a la fuga y no prestó auxilio al agente
herido (que seguramente sea por el delito por el que le pueda caer algo de
condena), porque lo de ir hasta las trancas de alcohol y cocaína sigue siendo
poco penado a pesar de la última reforma de la ley de circulación.
El caso es que este tipo de “sucesos” se dan en más
ocasiones de las que pensamos. Un agente que seguramente ha evitado que ese
sujeto cause daños mayores a otras personas, aunque vamos a ver en qué estado
queda tras una fractura de cadera y si podrá seguir desempeñando su trabajo.
Esto me lleva a mediados de los años 90’s, cuando un Guardia
Civil vecino de Las Suertes corrió una suerte parecida. Este suceso lo
contemplé en directo mientras yo estaba parado en el control de alcoholemia
donde sucedió. Aún guardo en la retina al agente volteado por encima del capó
del coche mientras este seguía su marcha. Días después un amigo me contó que
era vecino suyo y que había quedado con múltiples secuelas. Meses después me
enteré de la identidad del fugado, al que también conocía de la época de
instituto y con el que tenía conocidos comunes que me decían que se había “arruinado
la vida” con el suceso en cuestión, mientras yo les decía que la vida se la
arruinó al Guardia Civil.
Peor suerte corrió otro vecino, por aquel entonces jovencísimo
Guardia Civil, que mientras señalizaba un accidente
de tráfico en la carretera de El Escorial era arrollado por un vehículo quitándole
la vida. Seguro que todos los que le tratasteis sabréis que me refiero a Félix Javier López Palomares. Un tipo grandullón y entrañable con el que coincidí en el Carlos Ruiz y en el Jaime Ferrán.
Amante de los animales (en el
sentido que esto tenía en aquellos tiempos), pues lo que le gustaba era verlos
en su hábitat. Le costó muchísimo entrar en el cuerpo por los condicionantes de
la talla, no era especialmente alto, pero al final lo logró. Lástima que la
determinación que puso para llegar al cuerpo no tuviese mejor recompensa.