Vayamos con una entrada que llega con un poco de retraso
pero que se me hacía obligatoria escribir por lo que lleva siendo “la línea editorial”
del blog a lo largo de estos casi diez años de historia.
Y es que a lo largo de todo este tiempo y con independencia
de quien haya gobernado en nuestro municipio, mi lucha contra las subidas del
IBI han sido continuas, por ser desproporcionadas y más con la realidad económica
de un tiempo a esta parte. Y es que muchos hemos ido viendo como el pago del
dichoso impuesto llegaba a un punto en que se convertía en un auténtico problemón
el mes en que te llegaba el recibo.
No voy a entrar en el tema de si se podía bajar vía tal o vía
cual, porque lo cierto es que al final lo que nos importaba a cada vecino, es
que el recibo seguía y seguía subiendo sin parar.
Así que cuando el año pasado la revisión del impuesto y una
posible bajada del mismo era usada como arma electoral por unos y otros, yo al
menos me cogía todas esas palabras con pinzas viniesen de quien viniesen. ¿Recuerdan
que desde el equipo de gobierno se nos anunciaban unas bajadas que rondarían el
15% de media?
Pues bien, al comenzar el año empezamos a ver como las dudas
de que la bajada no iba a ser tan jugosa se iban haciendo más que razonables
conforme llegaba el primer recibo a quienes lo teníamos fraccionado. Y estas
sospechas se han terminado convirtiendo en realidad al llegar el último recibo,
el recibo en el que ya hemos podido hacer todas las sumas y ver que la bajada
se perdió por el camino.
¿Alguien ha visto el famoso 15%?
Yo no conozco ningún caso con semejante bajada, todo lo más
un poco menos del 3% y por el contrario conozco más casos de subidas que de
esas pírricas bajadas, así que si verdaderamente existiese ese 15% de media, ¿Quién
se ha beneficiado de la parte proporcional de los 8 o 9 casos que he consultado
antes de escribir esta entrada y que oscilaban ente el +-3%? ¿Por qué se
empeñan en querer engañarnos de una forma tan burda?
¿Imagen actual o de 2007?
Como me han surgido nuevos interrogantes. ¿Por qué a algunos
vecinos se les ha subido la tasa de la basura en este ejercicio? Qué manda
huevos que diría aquel viendo como está el pueblo, porque lo que dan ganas es
de manifestarse para que le devuelvan a uno la tasa por un servicio que no se
ve.
En definitiva, que pasan los meses y los años y la vida
sigue igual. Y luego nos extrañamos y sorprendemos al ver las noticias. Y mucho
me temo que esto no es más que un punto y seguido en el diario de este pueblo,
escrito desde hace años con demasiados borrones y sobre líneas torcidas.
foto extraida del grupo de FB "No eres de Villalba si"
Finiquitado ya el verano, resulta casi inevitable hacer un
ejercicio de memoria comparativo entre lo que era Collado Villalba en su época de
máximo esplendor y lo que ha quedado de todo aquello. (Puedes ver las entradas
I y II relativas al fenómeno de la movida villalbina).
Evidentemente se trata de un ejercicio un tanto
tergiversado, pues cada uno vivió los distintos momentos en función de la edad
y los gustos propios. Los que son un poquito más mayores dirán que la época gloriosa
fue la de El Quinto Infierno, El Bus, etc. La siguiente generación te dirá que
fue la de Porche, Testa y todo el eje de la A6, mientras que los que rondan
ahora los 30 años, te dirán que fue la época de El Edificio Europa.
Sin embargo, independientemente de gustos, creo que podemos
afirmar que la época más importante fue la que abarcó los últimos 80’s y se
prolongó hasta más allá de mediados de los 90’s, rozando el cambio de milenio.
En este largo plazo de unos quince años, fue cuando más gente venía a Villalba
con el reclamo de sus discotecas, gozaron de mayor importancia los locales más
grandes y en definitiva, era un auténtico reclamo para el refresco de aquellos
que veraneaban por la zona o incluso de los que venían a propósito desde
Madrid.
Ya en la anterior entrada comenté lo que supuso el boom de
El Edificio Europa, que como expliqué, se insertaba temporalmente en medio de
este periodo a analizar en esta entrada. Como expliqué con anterioridad, el
boom de Porche supuso que se abriesen otros locales de mayores dimensiones a lo
habitual y que al no estar en el centro mismo del pueblo, podían abrir con
licencia de discoteca o bar terraza hasta altas horas de la madrugada (en torno
a las 4:00 si mal no recuerdo). Así abrieron en un primer momento Sidney y
Testa, dos locales básicamente orientados al verano, pues la mayor parte de su
espacio era abierto. En estas terrazas la música no era la más discotequera
precisamente, sino que era más bien la de los éxitos que hoy etiquetamos como “oldies”
(The Cure, Depeche Mode, Rem, U2…) y el volumen no era tan atronador, por lo
que era más fácil poder mantener una agradable conversación. Incluso se podía cenar
allí mismo, pues si mal no recuerdo, Testa tenía un horno de pizzas y la
terraza de Sidney tenía un kiosco donde te comprabas los ingredientes y te podías
hacer en la barbacoa desde un bocata a una hamburguesa a tu gusto. ¿Quién no recuerda esos maratones de Depeche Mode en Sidney?
A pesar de las enormes dimensiones de aquellas discotecas o
terrazas, llamémoslas como queramos, era muy frecuente el ver enormes colas
para poder entrar en ellas. Aunque en aquellos años el acceso al vehículo se hacía
a una edad más tardía y eran pocos los privilegiados que lograban tener un
coche o que sus padres les dejasen el suyo (no se había extendido aún lo de dos
o más coches por familia), los problemas para aparcar eran más que importantes,
llegando incluso hasta el Colegio de La Almudena en algunas ocasiones. Aún
recuerdo ver pasar un día el camión de la basura por la Calle Piedrahita
tronchando espejos por no poder pasar por haber coches aparcados a ambos lados.
Estas dos mega terrazas se merendaron a lo que fue el
antiguo Pacha, que siempre funcionó a remolque de los dos grandes buques
insignia de la zona bajo distintos nombres como Boss o Broker, pero que pese a
todo aguantó el envite, con una clientela de un perfil más bajo y los clientes
de última hora, pues cerraban más tarde.
Lo que se ponía de manifiesto era que había negocio para más
terrazas y así surgieron otras dos: Momo, que arrancó muy floja y solo tenía
gente de rebote por el overbooking de las otras, pero que terminó afianzándose bajo
el nombre de El Graduado y otra cuyo nombre no recuerdo que se ubicó al otro
lado de la A6 junto a la ITV. Otro de los locales que tuvo su gente, pero que
no llegó a poder ser considerado una referencia. Más importante fue sin duda la
ampliación de Testa por medio de las terrazas en distinta altura, que
permitieron casi triplicar su aforo inicial.
Estos locales eran una máquina de hacer dinero y se llegaban
a hacer cajas de varios millones de pesetas en las jornadas más punteras del
verano con precios que rondaban las 500pts (3€) para las copas y entre las
300-400pts para el mini de cerveza. Pero la clave era el que estos dos sitios
cuidaban mucho el ambiente de sus terrazas para que fuese atrayente y
confortable incluso con fiestas originales. Recuerdo una de un circo en Sidney,
donde tuvieron con el domador un cachorro de león o tigre, no lo recuerdo. Algo
inimaginable hoy en día con el sentimiento animalista de estos tiempos.
La música
solía hacer de primer cortafuego para evitar a los típicos macarrillas y el
despliegue de seguridad y control era también más que notable. En el caso de
Sidney, el que los dueños fuesen vecinos del local, también llegaba a hacer que
se controlasen hasta las emisiones de ruido y no era extraño que los dueños
mandasen bajar el volumen al pinchadiscos en mitad de la noche. Así podíamos estar
cerca de un millar de personas en cada uno de esos recintos y sin embargo las peleas eran
algo excepcional pese a que ya sabemos el resultado de la formula
juventud+aglomeraciones+alcohol.
foto extraida del grupo de FB. "No eres de Villalba si..."
Al rebufo de estos lugares y tratando de captar a ese
público que alargaba aún más la noche y que gustaba más de la música
electrónica, surgieron otro par de intentos destacados Fax (en la inmediaciones
del P29 y que contaba hasta con un pequeño coso para soltar vaquillas) y
Cherry, la que fue la más lujosa de las discotecas de la Sierra, ubicada ya en
el término municipal de Alpedrete en la entrada a Los Berrocales y de la que
poco o nada queda ya como comenté en otra ocasión por aquí.
Fueron años de mucha vida para Collado Villalba, de mucho
ruido por la música, las peregrinaciones de los grupos de jóvenes desplazándose
de “las zonas de calentamiento” a las grandes terrazas, de vespinos y de los orígenes
del botellón. Y creo que independientemente de cómo lo haya vivido cada uno y a
pesar de que también había sus luces y sus sombras en forma de molestias, todos
lo miramos con nostalgia más allá del síndrome de Peter Pan. Lo miramos con nostalgia
porque era una vida y una vitalidad que hoy en día ya no se ve en un entorno
donde la decadencia se ha ido adueñando de todo y que parece no haber tocado
fondo aún y de la que solo quedan ruinas en algunos casos.
Después de dedicar varias entradas al comercio de Collado Villalba, ha llegado el momento de pedir vuestra opinión sobre cuales son vuestros "grandes comercios" preferidos de nuestro municipio.
Hace un tiempo, recuerdo que en un famoso grupo de Facebook
de nuestro pueblo se abrió un debate en torno al mercadillo, principalmente por
lo que se refiere a la suciedad que genera, llegando incluso algunos de los
participantes en el debate a solicitar la supresión del mismo.
Pues bien, hoy quiero reivindicar la necesidad de que el
mercadillo tradicional de Collado Villalba siga celebrándose religiosamente
cada martes y viernes como lleva haciéndose desde que la memoria me alcanza y a
través de sus distintas ubicaciones (Batalla de Bailén, Cordel de Valladolid y
Los Belgas).
Tal vez ya no tenga la importancia de antaño, cuando esos
dos días a la semana eran sin duda los más importantes para el comercio local,
ya que entonces y en parte gracias a él, Collado Villalba era la Capital de la
Sierra en el aspecto económico. Eran muchos los que venían desde Moralzarzal, Alpedrete,
Cerceda y otros muchos pueblos a comprar a nuestro mercadillo la fruta, verdura
y la ropa y calzado principalmente para los críos.
Está claro que la economía y los hábitos de consumo han
cambiado mucho y las diferencias de precio entre el mercadillo y ciertos
comercios ya no son tan grandes, amén de que en estos comercios no estás
obligado a acarrear 5kg de patatas y otros tantos de naranjas, de que te puedes
tomar el tiempo que quieras en probarte y volverte a probar modelos y tallas y
sin miedo a poder tener problemas al descambiarlo. Pero a pesar de todo,
nuestro mercadillo goza aún de muy buena salud y hay que aprovecharlo.
Por parte del comercio local, ha sido muy habitual el
identificar al mercadillo como un enemigo, llegando incluso a acusarles de
vender productos que no son legales o de no pagar los correspondientes
impuestos por la instalación de su puesto. El problema es que muchos confunden
el mercadillo con los puestos piratas que se colocan en las inmediaciones, que no
ofrecen ningún tipo de garantías y que no generan puestos de trabajo ni pagan
los preceptivos impuestos y permisos. Creo que es injusto tratar a quienes a
las 6:30 ya están montando sus puestos (con lo que sabe Dios a qué hora han
hecho la carga correspondiente de la mercancía del día) como furtivos, máxime
cuando todos tienen puesta bien a la vista su licencia municipal.
Con respecto a las basuras, sí que es cierto que el
mercadillo genera una gran cantidad de basura, acorde con el volumen de negocio
que mueven. No sé en qué medida se puede mejorar ese aspecto, pero si los demás
comercios tienen derecho a una recogida de basuras, ellos también la deben
tener. Como digo, seguramente este sea un aspecto mejorable y que ahora con
vistas a la firma del nuevo contrato de recogida de basuras no estaría mal que
los representantes del mercadillo tuviesen una reunión con los técnicos
municipales encargados de la materia, pues es algo complicado la gestión de tal
cantidad de basura y de todo tipo cuando no se dispone de una compactadora de
residuos.
Por todo ello, creo que esta corporación municipal, que
tanto empeño y esfuerzo ha derrochado en inundarnos con mercadillos de todo tipo,
debe poner más carne en el asador a la hora de cuidar al que verdaderamente
genera riqueza para el pueblo, el de toda la vida. Intensificando el control
sobre los puestos piratas, mejorando la retirada de residuos y la limpieza del
lugar donde se desarrolla una vez acabado el mismo involucrando también a los
vendedores ambulantes. Todo lo demás es un debate absurdo, pues bien claro
está, que la zona del mercadillo es la zona donde el comercio villalbino
presenta el menor número de locales cerrados del municipio y que los que se
quedan vacíos no tardan en volver a ser alquilados. El mercadillo genera cada día
un tráfico de miles de personas por sus alrededores y eso es vida para el
pueblo y su comercio, una vida que se ha ido marchitando en la periferia del municipio
y de la que no gozan otros sectores de la economía de nuestro pueblo antaño tan
pujantes y tan fuertes (ocio nocturno, concesionarios automovilísticos, etc).
Por todo ello hay más de cien razones para trata de proteger al corazón de
Collado Villalba, el corazón que permite que aún haya latidos y un poco de vida
en el mismo a pesar de la gangrena de una clase política que no ha estado a la
altura de su cometido las últimas dos décadas.
Hace unos años, dedique una entrada a ciertos personajes pintorescos que me había cruzado en una tarde por la dehesa de nuestro pueblo.
Eran esa clase de personas que resulta difícil esquivar con la mirada y que pretendiéndolo
o no, logran captar nuestra atención por su aspecto, habilidades u otras cosas.
Pues bien, seguro que para muchos, el personaje del que les
voy a hablar hoy ha logrado ya ese cometido. Se trata del tipo del acordeón que
cada día está en la Calle Real más o menos a la altura de Bankia.
Rara vez le he escuchado tocar el instrumento, por lo que no
puedo juzgar sus habilidades musicales, pero el personaje me llama la atención
porque irremediablemente me evoca al famoso “Piano Man” de Billy Joel.
Estoy seguro que detrás de él hay una historia, una historia
seguramente apasionante y con origen en algún país del este, donde ese
instrumento es muy importante en su folklore. Por lo que quiera que sea, ese músico
que seguro soñó con ser una estrella, se ve abocado a vivir en la calle,
durmiendo sobre el duro banco que ahora ocupa el espacio del que fuera uno de
los kioscos de chucherías más representativos del pueblo.
Cada vez que le veo a mediodía con el terrible calor
tratando de dormir la siesta abrazado a su acordeón casi asfixiado y con su enorme panza mientras alguna baba le escurre
por el rostro, me pregunto qué historia habrá detrás de él. ¿Sueños de éxito?
¿Huida de la miseria?...