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lunes, 4 de abril de 2022

Servidores insuficientemente reconocidos

Hoy nos volvemos a topar con una de esas noticias que te dan rabia e indignan por la impotencia que sientes ante un sistema tan “garantista” de las libertades, pero que al final deriva en un rehén de la mismas que premia malas conductas y no solo que no castiga a delincuentes, sino que en algunos casos hasta los premia.

La noticia en cuestión es el atropello de un Guardia Civil en el ejercicio de su trabajo al dar el alto a una persona que iba conduciendo de forma temeraria. Este sujeto se dio a la fuga y no prestó auxilio al agente herido (que seguramente sea por el delito por el que le pueda caer algo de condena), porque lo de ir hasta las trancas de alcohol y cocaína sigue siendo poco penado a pesar de la última reforma de la ley de circulación.

El caso es que este tipo de “sucesos” se dan en más ocasiones de las que pensamos. Un agente que seguramente ha evitado que ese sujeto cause daños mayores a otras personas, aunque vamos a ver en qué estado queda tras una fractura de cadera y si podrá seguir desempeñando su trabajo.

Esto me lleva a mediados de los años 90’s, cuando un Guardia Civil vecino de Las Suertes corrió una suerte parecida. Este suceso lo contemplé en directo mientras yo estaba parado en el control de alcoholemia donde sucedió. Aún guardo en la retina al agente volteado por encima del capó del coche mientras este seguía su marcha. Días después un amigo me contó que era vecino suyo y que había quedado con múltiples secuelas. Meses después me enteré de la identidad del fugado, al que también conocía de la época de instituto y con el que tenía conocidos comunes que me decían que se había “arruinado la vida” con el suceso en cuestión, mientras yo les decía que la vida se la arruinó al Guardia Civil.

Peor suerte corrió otro vecino, por aquel entonces jovencísimo Guardia Civil, que mientras señalizaba un accidente de tráfico en la carretera de El Escorial era arrollado por un vehículo quitándole la vida. Seguro que todos los que le tratasteis sabréis que me refiero a Félix Javier López Palomares. Un tipo grandullón y entrañable con el que coincidí en el Carlos Ruiz y en el Jaime Ferrán. 

Amante de los animales (en el sentido que esto tenía en aquellos tiempos), pues lo que le gustaba era verlos en su hábitat. Le costó muchísimo entrar en el cuerpo por los condicionantes de la talla, no era especialmente alto, pero al final lo logró. Lástima que la determinación que puso para llegar al cuerpo no tuviese mejor recompensa.

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