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martes, 7 de octubre de 2014

Soy de Villalba. ¿O no?

Soy de Villalba, o al menos eso creo a pesar de no haber comprado pepinillos donde La Filo o haber estado en el Quinto Infierno.

Me imagino que la mayoría ya os habréis dado cuenta por donde van a ir los tiros en esta entrada. Y es que a principios de verano, un grupo de Facebook irrumpía con fuerza en nuestras vidas e incluso provocaba que gente que es reacia a usar las redes sociales se viese tentada a entrar en ellas.

Y es que en unos pocos días fueron miles los recuerdos que nos asaltaron y las anécdotas que rememoramos. Como ya he dicho, algunos de esos recuerdos más significativos solo me sonaban de oídas y otros los desconocía, pero en otros tantos había sido testigo o protagonista.

Di clases con El Choto, El Malen, El Fisiquin, Madame Fayard, Doña Julia y un largo etc. Acompañe a comprar a mi madre a las pescaderías Tapia tragándome sus enormes colas, me dio la comunión Don Miguel y corrí alrededor de la plaza de la estación cuando esta era de tierra y cuadrada muchos años antes de correr todas y cada una de las ediciones hasta hoy celebradas de La Tragamillas.

Pero lamentablemente cuando el grupo creció en demasía y los temas se fueron repitiendo, aparecieron aquellos que no entendieron que estábamos ante una oportunidad única de recuperar una historia y un pasado. Y es que posiblemente el grupo tuviese fecha de caducidad, pero la aparición de ciertos personajes y ciertas conductas dinamitaron la dinámica del mismo hasta provocar su agonía.

Una lástima que algunos no asumieran que para hablar de otras cosas ya existían otros grupos en los que las reglas permitían hablar de esos temas. Una pena que en su afán de notoriedad ejercieran de trol de forma casi profesional.

Desgraciadamente ha habido gente que ha sufrido mucho por lo sucedido en esos lances. Me refiero a los administradores, que vieron como poco a poco su criatura moría sin que pudiesen hacer nada, algo que ya vaticiné a alguno de ellos al ver como ciertas personas iban colando de refilón los mismos discursos a los que solamente sus más fieles seguidores hacen caso en sus muros personales, cada uno a vender su libro al margen de las normas del grupo y de la esencia que le permitió llegar a ser lo que fue. Lamentablemente cuando le anuncie a uno de los administradores que el grupo iba a morir en breve no me equivoque.

Sin embargo prefiero quedarme con lo positivo como ha sido el conocer a algunas personas que me han enseñado cosas de nuestro municipio que no recordaba o el facilitar el reencuentro, aunque haya sido virtual, con antiguos amigos o compañeros de colegio.

Lástima que hayamos cerrado una puerta al conocimiento de nuestra historia, una historia que aunque sin reseñas grandilocuentes como el Monasterio de San Lorenzo existe. Y como prueba os dejo una imagen que me paso un amigo tras su visita al Museo Arqueológico Nacional. 

No sois de Villalba si no sabéis que existía este importante rastro de nuestro pasado, pero ni yo ni nadie tenemos el sello que de validez a dicho carnet.




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