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miércoles, 24 de agosto de 2011

Negocios con historia II. De compras por el mercado

Hace un par de entradas, hacía alusión a unos determinados negocios que marcaron la infancia de muchos villalbinos. Dicha entrada ha suscitado comentarios nostálgicos por parte de varios de los amigos del facebook y si bien no podemos hablar de una “memoria histórica”, si podemos hablar de fragmentos de vidas anónimas que conforme se iban juntando nos han ido dando un bonito puzle de recuerdos que quedará incompleto por cuanto son imágenes parciales y recuerdos subjetivos pillados de aquí y de allá por gente muy distinta con historias y pasados muy dispares tanto en el tiempo como en el espacio.

Pero lo que está claro es que a los que ya vamos teniendo una cierta edad, nos desborda la melancolía cuando tiramos de recuerdos. Y es que muchos han ido quedando borrados o tapados por nuevas realidades que cada vez nos hacen más difícil recordar aquellos años.

Y es que ahora mismo si uno pasa por las cigüeñas se le hace difícil asociar que allí estaba el mercado de alimentación que abastecía a casi todo el municipio. Es más, a muchos se les hará más difícil aun entender el citado nombre sin la fuente que adornaba la plaza a ras de calle.

Para quienes no vivieran aquellos tiempos, habría que decirles que era el típico mercado bullicioso en el que había puestos de variantes, de bacalao, charcuterías, carnicerías con el estridente ruido de las sierras cortando los huesos para hacer caldo, etc. Pero sin duda alguna, el mercado se movía al ritmo de las Pescaderías Tapia. Era increíble cómo se podía llegar a pasar uno media mañana allí metido esperando a que le tocase el numero de turno mientras le llevaban los demonios por no poder estar jugando y encima por una comida que no le gustaba. Muchas veces ese tiempo venia motivado por la espera a que llegase la mercancía que habían comprado horas antes en Mercamadrid y que había que esperar a su colocación en la pila.


Había mas mercados donde poder comprar esos alimentos y productos, pero sin duda alguna la gente quería aquel mercado de confianza donde la mezcla de olores por la frescura de sus productos es hoy en día casi irrepetible, por más que algunas empresas estén tratando de recuperar algunos de estos espacios con fines casi mas turísticos que propiamente comerciales como son los casos de los emblemáticos mercados de San Miguel y San Antón (este último gestionado por el grupo Osborne) en Madrid, que se han convertido en visita obligada para los turistas.

Desgraciadamente no existe esa opción para rescatar ese lugar en nuestro querido pueblo y difícilmente los cierres del mercado de Las Cigüeñas volverán a abrirse y mucho tendrán que cambiar las cosas para no ver algo similar en el mercado de El Canguro, que fue su heredero natural, pero que a pesar de tener instalaciones más nuevas y contar con muchos de los comerciantes del mercado de cercano a la estación, nunca llego a tener la acogida de este.

Así pues, todos correrán la misma suerte que el Mercado Municipal que hoy aloja, esperemos que por poco tiempo, a la policía municipal y del que no sabemos cuál será el próximo uso que se le dará, aunque la falta de mantenimiento forzará a una profunda remodelación sea cual sea su futuro uso. Y eso que me imagino que en nada se parecerán las instalaciones hoy en día a lo que fue en su momento el mercado, que estaba presidido por una importante escalera de acceso justo en lo que es la oficina donde ahora está el mostrador de atención al público.

En fin, unos recuerdos imborrables asociados a imágenes, sonidos y olores que por muchos comercios que hoy visites no lograras volver a recuperar. ¿A qué huele Mercadona? ¿Cual es el sonido de Carrefour?...

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